¿Qué es educación?
Los pedagogos y teóricos de la educación
suelen coincidir en definirlo como el proceso que permite al ser humano
alcanzar su máximo potencial, lo que le hará plenamente humano.
La
parte de "plenamente humano" me daría para debatir sobre si una persona
puede no ser verdaderamente humana, pero no es el tema de hoy.
Centrémonos en la parte del "pleno potencial", que ahí es donde está la miga.
¿Debe
la educación servir a los intereses de la sociedad como conjunto, o a
los del sujeto individual? ¿Se puede compatibilizar lo uno y lo otro?
Los
que mantienen la educación como un proceso de socialización, ya que es
la sociedad lo que nos hace verdaderamente humanos, defienden una
educación en la que el sistema educativo encauce a cada alumno hacia una
determinada rama del conocimiento, en función de sus aptitudes.
Se
alega que si al niño se le da bien algo, será feliz desarrollando su
talento, y se convertirá en un valiosísimo profesional para el conjunto
de la sociedad. Nada que no sea, en esencia, cierto. Muy pragmático,
claramente.
¿Problema? Si ese proceso de especialización
se inicia demasiado temprano, el alumno perderá una enormísima cantidad
de conocimientos de otras áreas. Conocimientos que son necesarios para
estructurar la realidad. Conceptos como el funcionamiento de una red
eléctrica, el proceso de colonización, nociones sobre las reacciones
químicas... no son solo cultura general, nos ayudan a ver el mundo con
mayor precisión, limitando la posibilidad de ser engañados o errar en
nuestras actuaciones.
Para ello no basta con una educación
primaria, porque a esas edades no se tiene una capacidad de abstracción
lo suficientemente desarrollada como para comprender ciertos contenidos.
Aparece así la necesidad de ampliar la educación "general" hasta los 15-16 años, como en nuestro sistema educativo.
Esta
premisa de "el individuo necesita aprender a estructurar la realidad
para saber orientarse en ella" podría parecer algo que defienden los que
buscan dar importancia al individuo, pero realmente es una afirmación
bastante neutra. Claramente, buscas dar herramientas útiles al sujeto,
que desde el punto de vista de la sociedad en conjunto no son
imprescindibles... pero toda sociedad se beneficia de la mejor
preparación de sus integrantes. Al fin y al cabo, se aumenta la
posibilidad de que puedan resolver problemas simples fuera del campo en
el que se han especializado (la de dinero que habría gastado yo en
electricistas si no hubiera tenido esas clases de Tecnología en el
instituto, o la cantidad de técnicos informáticos que hubiera necesitado
para arreglar unos problemas mínimos).
Se alega
también, desde los sectores defensores de la educación para la sociedad,
que su método contribuye a generar grandes profesionales expertos,
mientras que otros sistemas generan profesionales mediocres, pues no se
tiene en cuenta su capacidad, sino su interés y motivación.
No estoy en contra de aprovechar nuestros talentos, para nada, pero
¿qué pasa cuando nuestros talentos y nuestros intereses no coinciden?
¿Qué pasa cuando nuestros talentos no afloran hasta que crecemos más?
Respecto
a la segunda pregunta, mi respuesta consiste en reiterar lo que ya
comenté de "dejar crecer a los alumnos mientras les enseñamos de todo".
En contestación a la primera, haré otra pregunta que ataca la idea de priorizar al sujeto:
¿Quién tiene claro a los 14 años que quiere hacer? Ninguno.
¿Y a los 16? Pocos.
Muchos
de nosotros hemos ido cambiando de idea hasta que nos tocó elegir
carrera. Carrera que elegimos en función de nuestros gustos y
posibilidades en ese momento (lástima que tenga que mencionar esto
segundo, porque lo ideal sería que la economía no nos limitase), salvo
aquellos que fueron condicionados por sus padres (también es triste que
se de esto). Carrera que algunos cambiaron al poco o al mucho de
empezarla, para hacer algo más ajustado a sus capacidades o intereses.
Supongo que ahí es donde más se
puede criticar el sistema que tenemos: permite a la gente "perder
tiempo" hasta que encuentra lo que busca. Pero resaltaré las comillas de
"perder tiempo", porque no lo considero del todo así. Es, a mi juicio, un proceso de conocerse a uno mismo, con sus gustos y sus límites.
Lo importante es acabar haciendo algo que te guste y que te de trabajo
(sin aprovecharse de la excusa del "sigo buscando", claro).
Porque
si eso es perder tiempo, señores y señoras mías, entonces dejar que la
gente busque pareja por si misma es perder tiempo también, que no creo
que muchos la encuentren a la primera... pero no por eso defendemos el
matrimonio concertado, ¿no?
Y dejando atrás este símil que tanto me ha gustado y que se me ha ocurrido sobre la marcha, volvamos al tema que nos atañe.
La
motivación es importante. Y la motivación, se pierde (y se gana). Se
pierde cuando se obliga a uno a ir por un camino marcado, por mucho que
le guste. Porque por mucho que se limite el acercamiento a otras áreas
de la realidad del alumno, éste las acabará experimentando o
conociendo.
Y puede que le gusten.
Puede que le gusten más que aquello que se le da bien.
Pero no podrá acceder a ellas, porque el sistema lo impide.
Y eso frustra. Empaña la vida.
La felicidad del sujeto no siempre es algo racional.
Si
me hubieran hecho estudiar lo que se me daba bien, hoy en día sería
biólogo o matemático o teólogo o filólogo. Son cosas que se me dan bien,
que me gustan, no hubiera sido un gran problema.
Pero me gustaba más la perspectiva de enseñar.
En
un sistema educativo para y por la sociedad, yo no habría podido ser
maestro. Porque cuando tocó elegir carrera, mis habilidades sociales y
de empatía eran mínimas.
Y aquí estoy hoy, disfrutando de los cumplidos de alumnos y madres sobre mi enorme capacidad docente y simpatía.
Y es que muchas veces, el talento importa menos que la motivación.
Cada éxito nos anima a seguir avanzando, y cada fracaso, a seguir mejorando.
Conclusión: dejen a los niños, a los adolescentes, ser lo que quieran.
Ser, que no hacer.
No
podemos que los niños hagan lo que quieran, eso no es educación. Y sin
educación, aparecen los vagos, los incultos y los violentos.
Eduquemos para ser felices.
Eduquemos para las responsabilidad.
Si son felices, serán eficientes en lo que hagan, porque estarán motivados.
Si son responsables, elegirán lo que es mejor para ellos y para el resto, porque tendrán conciencia de grupo.
Y
así no habrá que elegir entre individuo o sociedad. Porque el individuo
feliz y educado sabe que, aún con sus peculiaridades y diferencias, no
puede vivir al margen de la sociedad.
No dejemos que los padres y los maestros decidan por los estudiantes.
Dejémos a los padres y maestros que ayuden a los estudiantes a decidir.
Porque por muy bien que los conozcan... nunca los conocerán tan bien como ellos mismos.
Porque... a nosotros tampoco nos gusta que decidan por nosotros, ¿verdad?
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domingo, 14 de octubre de 2012
Teenager.
Hace ya... 2 años y pico que dejé de ser ya un "teenager" como se dice en inglés. Vamos, que dejé de ser un chaval de "diez y tantos" para entrar en la década de los 20, con su supuesta madurez y responsabilidad.
Y sin embargo, aquí estoy, con 22 añazos, y planteándome si no soy más inmaduro que hace 2 meses, cuando todavía tenía 21.
No es que yo haya cambiado mucho. Simplemente han pasado cosas extrañas y cosas curiosas. He conocido a gente y he conocido mejor a la gente a la que pensaba que ya conocía bien. Y supongo que eso se ha traducido en un cambio de actitud ante la vida. Mis principios siguen iguales, pero mis procedimientos tal vez cambien algo.
*Sigh*
Me paro a pensar y me planteo que posiblemente nunca tuve una adolescencia como la de los demás (hablando en general). Nunca lo eché de menos, sinceramente. Pero en parte, siento como si una parte de mí quisiera recuperar esos años "perdidos" (aunque ni perdidos ni nada, simplemente los utilicé de un modo diferente, y no me arrepiento). Y la otra parte, como es propio de mí, se niega a dejarme actuar de un modo tan ilógico.
Y soy consciente de que no habréis entendido nada, porque todo lo que escribí es muy genérico, pero es que, en parte, ni siquiera yo sé que pienso ni qué me pasa, ni cómo actuar.
Estoy bastante perdido en esta torre mía de mi alma y de mi corazón, que de repente, parece totalmente extraña a mis ojos.
Y bueno... que no sé para que escribo, si total aquí no entra nadie.
Y sin embargo, aquí estoy, con 22 añazos, y planteándome si no soy más inmaduro que hace 2 meses, cuando todavía tenía 21.
No es que yo haya cambiado mucho. Simplemente han pasado cosas extrañas y cosas curiosas. He conocido a gente y he conocido mejor a la gente a la que pensaba que ya conocía bien. Y supongo que eso se ha traducido en un cambio de actitud ante la vida. Mis principios siguen iguales, pero mis procedimientos tal vez cambien algo.
*Sigh*
Me paro a pensar y me planteo que posiblemente nunca tuve una adolescencia como la de los demás (hablando en general). Nunca lo eché de menos, sinceramente. Pero en parte, siento como si una parte de mí quisiera recuperar esos años "perdidos" (aunque ni perdidos ni nada, simplemente los utilicé de un modo diferente, y no me arrepiento). Y la otra parte, como es propio de mí, se niega a dejarme actuar de un modo tan ilógico.
Y soy consciente de que no habréis entendido nada, porque todo lo que escribí es muy genérico, pero es que, en parte, ni siquiera yo sé que pienso ni qué me pasa, ni cómo actuar.
Estoy bastante perdido en esta torre mía de mi alma y de mi corazón, que de repente, parece totalmente extraña a mis ojos.
Y bueno... que no sé para que escribo, si total aquí no entra nadie.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Varys.
"-Decidme, Lord Varys, ¿a quién servís en realidad?
-Al reino, mi buen señor —contestó Varys con una sonrisa—, no lo dudéis."
Y de entre todos los personajes que hay en Canción de Hielo y Fuego, escogí este. Un eunuco calvo con unos kilos de más. Aunque bueno, tampoco es un eunuco cualquiera: Lord Varys, Consejero de Rumores desde la época del rey Aerys II hasta la actualidad. Supongo que desde la parte de rumores hasta la de eunuco (sí, me temo que sí), me recuerda a mí en gran medida.
Y los que me conozcáis, no os extrañaréis. Rumores, onformación, conocimiento. Todo es lo mismo. Saber es poder, y pocos saben más que este tipo.
Nunca busqué de forma demasiado activa la información y los chismes, ni siquiera ahora (aunque es evidente que sí que ha aumentado la curosidad). No sabría decir muy bien el motivo. Tal vez empezó como inseguridad, como una necesidad de saber si la gente que decía valorarme realmente contaba la verdad. Eso sería hace cusa de un año o así. Luego me dí cuenta de que era algo mucho más potente y delicado; una palabra dicha a la persona correcta (o incorrecta, según se mire) y puedes destrozar el tejido social. Como una chispa sobre un manto de seda, dejaría un buen agujero. Y por eso hay que tener cuidado, y creo que hasta ahora, lo he tenido.
Saber cosas puede ser un escudo o un arma, como he dicho, pero también pude ser magia. Magia con poder de sanar. Dar la información oportuna puede ayudar a la gente a seguir adelante, a que no se desanime o a que no caiga en pozos oscuros. Eso es lo que intento.
Y sin duda, la información más peligrosa es aquella sobre nosotros mismos. A veces las personas confían secretos a gente digna de poca confianza, y se vuelve contra ellos. Pero aún más preocupante es la información que uno tiene que guardar sobre sí mismo para evitar que los demás sufran.
¿Hasta dónde es justo ocultar? ¿Dónde acaba la preocupación por el daño que puedas causar a los demás con lo que sabes sobre tí mismo y empieza el egoismo de querer contarlo para liberarse de una carga, o el egoismo de no contarlo para evitar enfados? ¿Como distinguir un motivo del otro?
...
¿Qué hacer?
To speak or not to speak, that is the question.
Y los que me conozcáis, no os extrañaréis. Rumores, onformación, conocimiento. Todo es lo mismo. Saber es poder, y pocos saben más que este tipo.
Nunca busqué de forma demasiado activa la información y los chismes, ni siquiera ahora (aunque es evidente que sí que ha aumentado la curosidad). No sabría decir muy bien el motivo. Tal vez empezó como inseguridad, como una necesidad de saber si la gente que decía valorarme realmente contaba la verdad. Eso sería hace cusa de un año o así. Luego me dí cuenta de que era algo mucho más potente y delicado; una palabra dicha a la persona correcta (o incorrecta, según se mire) y puedes destrozar el tejido social. Como una chispa sobre un manto de seda, dejaría un buen agujero. Y por eso hay que tener cuidado, y creo que hasta ahora, lo he tenido.
Saber cosas puede ser un escudo o un arma, como he dicho, pero también pude ser magia. Magia con poder de sanar. Dar la información oportuna puede ayudar a la gente a seguir adelante, a que no se desanime o a que no caiga en pozos oscuros. Eso es lo que intento.
Y sin duda, la información más peligrosa es aquella sobre nosotros mismos. A veces las personas confían secretos a gente digna de poca confianza, y se vuelve contra ellos. Pero aún más preocupante es la información que uno tiene que guardar sobre sí mismo para evitar que los demás sufran.
¿Hasta dónde es justo ocultar? ¿Dónde acaba la preocupación por el daño que puedas causar a los demás con lo que sabes sobre tí mismo y empieza el egoismo de querer contarlo para liberarse de una carga, o el egoismo de no contarlo para evitar enfados? ¿Como distinguir un motivo del otro?
...
¿Qué hacer?
To speak or not to speak, that is the question.
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Personalities,
Reflection
jueves, 10 de marzo de 2011
Effort.
No os molesteis nunca en hacer nada que requiera esfuerzo y que no os beneficie directamente, porque si os esforzais por otra persona o grupo de personas, os aseguro que difícilmente lo apreciarán.
lunes, 21 de febrero de 2011
Freedom.
Libertad implica muchas cosas.
En esencia, implica no estar subyugado a alguien de un modo tal que tus acciones se vean seriamente condicionadas.
¿De qué sirve disponer de todo lo que uno puede desear si para disfrutarlo hay que someterse a una voluntad irracional?
Lo que quiero decir es que, vale, me parece correcto que te pongan unas normas para poder hacer uso de las cosas o realizar determinadas acciones, siempre y cuando dichas normas tengan una coherencia conjunta. Si esas normas se basan en la arbitrariedad, no es más que una tiranía en forma de jaula dorada.
Y luego está también que, coherencia aparte, las normas tienen que tener un cierto grado de bondad interna, o justicia, si es que podemos usar realmente ese término. Si se trata de unas normas egoistas que solo son buenas para la persona que las pone, entonces es igual que lo anterior.
En definitiva, para que exista libertad, las peronas vinculadas deben estar en el mismo plano de importancia y poder, y no uno sobre otro, y de estar en niveles diferentes, debe existir un compromiso total por parte del poderoso para preservar el bienestar del débil (como es el caso de los padres con sus hijos cuando son pequeños).
Coherencia y bondad.
En esencia, implica no estar subyugado a alguien de un modo tal que tus acciones se vean seriamente condicionadas.
¿De qué sirve disponer de todo lo que uno puede desear si para disfrutarlo hay que someterse a una voluntad irracional?
Lo que quiero decir es que, vale, me parece correcto que te pongan unas normas para poder hacer uso de las cosas o realizar determinadas acciones, siempre y cuando dichas normas tengan una coherencia conjunta. Si esas normas se basan en la arbitrariedad, no es más que una tiranía en forma de jaula dorada.
Y luego está también que, coherencia aparte, las normas tienen que tener un cierto grado de bondad interna, o justicia, si es que podemos usar realmente ese término. Si se trata de unas normas egoistas que solo son buenas para la persona que las pone, entonces es igual que lo anterior.
En definitiva, para que exista libertad, las peronas vinculadas deben estar en el mismo plano de importancia y poder, y no uno sobre otro, y de estar en niveles diferentes, debe existir un compromiso total por parte del poderoso para preservar el bienestar del débil (como es el caso de los padres con sus hijos cuando son pequeños).
Coherencia y bondad.
domingo, 30 de enero de 2011
Old.
Me he parado a pensar (es algo que hago con frecuencia) y me he dado cuenta de una cosita: me encantan los personajes ancianos. Bueno, ancianos o entrados en años. Y digo personajes, que esa es una parte importante de la reflexión.
Punto 1: En las películas, los libros (incluso a veces en la vida real), la gente mayor tiene una determinación y una voluntad férrea de la que los personajes jóvenes carecen. Me he dado cuenta viendo la versión de Robin Hood de Ridley Scott: Walter, el anciano y ciego señor de Nottingham se enfrenta sin armadura alguna contra el hombre que ha matado a su hijo. Y pierde, claro está, pero no sin hacerle un corte al otro tiparraco. Encomiable. Dirá usted: Sí, pero está muerto. Y digo yo: Sí, pero murió con luchando por su honor y su hijo. Esa es otra. Ahí está la puntialización que hice sobre que hablo de personajes. En la vida real, los ancianos y mayores no son tan geniales. No se pasan hasta el último de sus días luchando. Bueno, algunos sí, luchando por vivir. Pero no es eso. Tampoco hablo de luchar con espadas o similar. Hablo de... esforzarse por dar lo mejor hasta el final. "That's what this is all about." El anciano que se imita a vivir de la pensión, sin hacer nada más que mirar las obras o la televisión... bueno, tiene su parte de valor (al fin y al cabo, seguramente trabajó para poder descansar al final). Pero hay gente, hay mayores que, después de años y años de trabajo, no se paran. Van todos los días a cavar sus huertas, aguantan a los nietos para que los que son sus hijos puedan trabajar y llevar dinero a casa (y creedme que es un trabajo duro el de aguantar a los niños), se encargan de remendar los descosidos en la ropa de los hijos y los nietos, se van al gimnasio o a correr por medio de la ciudad... o simplemente se cuidan a sí mismos. Madre mía, con tantos años y siguen, eso es carácter. Y volviendo a las películas... otra cosa que me gusta de los personajes entraditos en años es que, al final, son vengados. Siempre hay alguien que los apreciaba y que se arriesga para restaurar su orgullo, aunque sea de manera póstuma. Y que gran sensación es la de tener gente que está dispuesta a defenderte.
Punto 2: La verdad es que el punto dos iba a ser lo de ser vengado. Y el punto tres lo de los ancianos reales. Pero lo aprovecho para reflexionar sobre mí mismo. ¿Quiero llegar a ser un viejecito arrugado? No sé. Tiene su parte buena, suponiendo que sea capaz de valerme por mí mismo, suponiendo que pueda hacer algo útil. Un anciano puede seguir ayudando a los nietos con la tarea... pero los nietos no creo que lleguen. No sé. También tiene una parte mala que es evidente: sería bastante doloroso ver morir a la gente que quiero. Sería horrible. Pero por otro lado... desear morir joven para evitarlo... ¿No sería un poco egoista querer eso y condenar a los que me quieren a sufrirlo? Pues nada, hijos, que sea lo que Dios quiera. Mientras tanto, seguiré comportándome como un viejo (aunque tal vez cuando me haga mayor, cambie y decida comportarme como un niño. Jeh... me encanta la idea).
Punto 1: En las películas, los libros (incluso a veces en la vida real), la gente mayor tiene una determinación y una voluntad férrea de la que los personajes jóvenes carecen. Me he dado cuenta viendo la versión de Robin Hood de Ridley Scott: Walter, el anciano y ciego señor de Nottingham se enfrenta sin armadura alguna contra el hombre que ha matado a su hijo. Y pierde, claro está, pero no sin hacerle un corte al otro tiparraco. Encomiable. Dirá usted: Sí, pero está muerto. Y digo yo: Sí, pero murió con luchando por su honor y su hijo. Esa es otra. Ahí está la puntialización que hice sobre que hablo de personajes. En la vida real, los ancianos y mayores no son tan geniales. No se pasan hasta el último de sus días luchando. Bueno, algunos sí, luchando por vivir. Pero no es eso. Tampoco hablo de luchar con espadas o similar. Hablo de... esforzarse por dar lo mejor hasta el final. "That's what this is all about." El anciano que se imita a vivir de la pensión, sin hacer nada más que mirar las obras o la televisión... bueno, tiene su parte de valor (al fin y al cabo, seguramente trabajó para poder descansar al final). Pero hay gente, hay mayores que, después de años y años de trabajo, no se paran. Van todos los días a cavar sus huertas, aguantan a los nietos para que los que son sus hijos puedan trabajar y llevar dinero a casa (y creedme que es un trabajo duro el de aguantar a los niños), se encargan de remendar los descosidos en la ropa de los hijos y los nietos, se van al gimnasio o a correr por medio de la ciudad... o simplemente se cuidan a sí mismos. Madre mía, con tantos años y siguen, eso es carácter. Y volviendo a las películas... otra cosa que me gusta de los personajes entraditos en años es que, al final, son vengados. Siempre hay alguien que los apreciaba y que se arriesga para restaurar su orgullo, aunque sea de manera póstuma. Y que gran sensación es la de tener gente que está dispuesta a defenderte.
Punto 2: La verdad es que el punto dos iba a ser lo de ser vengado. Y el punto tres lo de los ancianos reales. Pero lo aprovecho para reflexionar sobre mí mismo. ¿Quiero llegar a ser un viejecito arrugado? No sé. Tiene su parte buena, suponiendo que sea capaz de valerme por mí mismo, suponiendo que pueda hacer algo útil. Un anciano puede seguir ayudando a los nietos con la tarea... pero los nietos no creo que lleguen. No sé. También tiene una parte mala que es evidente: sería bastante doloroso ver morir a la gente que quiero. Sería horrible. Pero por otro lado... desear morir joven para evitarlo... ¿No sería un poco egoista querer eso y condenar a los que me quieren a sufrirlo? Pues nada, hijos, que sea lo que Dios quiera. Mientras tanto, seguiré comportándome como un viejo (aunque tal vez cuando me haga mayor, cambie y decida comportarme como un niño. Jeh... me encanta la idea).
domingo, 23 de enero de 2011
Calmed.
Vale. Paremonos a pensar. A veces negamos lo evidente, solo por autosatisfacernos. Y ese es el problema conmigo, que me niego a ver algunas cosas.
Resulta muy sencillo limitarse a decir: "No, los demás no me prestan atención; son unas peronas horribles". Pero claro, eso no es totalmente cierto. De hecho, tiene bastante poco de verdad.
No puedo pedir a la gente que se preocupen en el mismo grado o modo que yo, porque sus circunstancias y forma de ver las cosas no es la misma. Sí, claro que me encantaría que todos y cada uno de mis amigos y amigas me abrieran una conversación al día y nos pusieramos a hablar. Pero leches, tienen otros amigos, y yo también. Si todos hicieramos eso, nos colapsaríamos con conversaciones. Y mirad cuan evidente puede ser esto que no me daba cuenta.
Luego está el hecho de que no siempre pasan cosas interesantes, aunque esto tiene menos importancia; siempre hay algo gracioso o algo que sin ser interesante, quieres contar.
Supongo que de lo que se trata es de evitar perder la comunicación. De evitar perder la bidireccionalidad. Si pasa algo interesante, hay que contarlo a la gente que te importe en cuanto la veas. Y si hay algo que quieres contar, también hay que hacerlo. A lo mejor la conversación dura 3 minutos, o menos, pero no importa. Todo el mundo tiene un par de minutos para dedicarte si tienes algo que contar. Pero la cosa tiene que ir en dos direcciones para que funcione. No vale que uno hable y el otro se calle todo, bien porque el otro no pare de hablar o bien porque él mismo no quiera hablar. Eso no. En una relación de amistad, la gente está en el mismo plano, y las actividades deben hacerse por todos en el mismo grado. Grado, que no cantidad. Hay personas que tendrán que repartir su antención entre más gente, y otras que menos.
Y creo que ahí es donde me falla la visión a mí. No tengo (o puede que más bien no quiera tener) mucha gente a la que prestar atención. Ya lo dije, del orden de 20. Entonces claro, puedo dar más atención a cada uno... pero no puedo esperar que los demás se marginen socialmente para estar a mi par. Y me constará encajar que es así, pero es así.
Resulta muy sencillo limitarse a decir: "No, los demás no me prestan atención; son unas peronas horribles". Pero claro, eso no es totalmente cierto. De hecho, tiene bastante poco de verdad.
No puedo pedir a la gente que se preocupen en el mismo grado o modo que yo, porque sus circunstancias y forma de ver las cosas no es la misma. Sí, claro que me encantaría que todos y cada uno de mis amigos y amigas me abrieran una conversación al día y nos pusieramos a hablar. Pero leches, tienen otros amigos, y yo también. Si todos hicieramos eso, nos colapsaríamos con conversaciones. Y mirad cuan evidente puede ser esto que no me daba cuenta.
Luego está el hecho de que no siempre pasan cosas interesantes, aunque esto tiene menos importancia; siempre hay algo gracioso o algo que sin ser interesante, quieres contar.
Supongo que de lo que se trata es de evitar perder la comunicación. De evitar perder la bidireccionalidad. Si pasa algo interesante, hay que contarlo a la gente que te importe en cuanto la veas. Y si hay algo que quieres contar, también hay que hacerlo. A lo mejor la conversación dura 3 minutos, o menos, pero no importa. Todo el mundo tiene un par de minutos para dedicarte si tienes algo que contar. Pero la cosa tiene que ir en dos direcciones para que funcione. No vale que uno hable y el otro se calle todo, bien porque el otro no pare de hablar o bien porque él mismo no quiera hablar. Eso no. En una relación de amistad, la gente está en el mismo plano, y las actividades deben hacerse por todos en el mismo grado. Grado, que no cantidad. Hay personas que tendrán que repartir su antención entre más gente, y otras que menos.
Y creo que ahí es donde me falla la visión a mí. No tengo (o puede que más bien no quiera tener) mucha gente a la que prestar atención. Ya lo dije, del orden de 20. Entonces claro, puedo dar más atención a cada uno... pero no puedo esperar que los demás se marginen socialmente para estar a mi par. Y me constará encajar que es así, pero es así.
jueves, 13 de enero de 2011
Kids (and some other things).
Bueno, es jueves 13 de Enero y servidor está deseando que llegue mañana, para poder descansar como es debido. *Sigh* El que se regocije diciendo que Magisterio es fácil debería pensar en lo que viene después... y más con los de Infantil. No sé cuanto cobrará un profesor de infantil, pero en cualquier caso, es poco.
Madre mía... en 3 días (el primero no lo cuento, que no pasó nada), me ha tocado soportar (y limpiar) todos los desastres y secrecciones corporales que los niños decidían compartir con el mundo. Llantos para dejar sordo a un elefante... y sin motivo alguno muchas veces. ¿Que los niños se pegan mientras juegan a Gormiti? Da igual, mientras no se partan un diente o vean sangre, ellos no se inmutan, siguen luchando por la supremacía, independientemente de que sus luchas no sen en absoluto coherentes con el guión y el esquema de los episodios de Gormiti, porque como nadie quiere ser de los malos y hay que luchar... pues luchan los buenos entre sí. Eso sí, que se les ocurra rozarse con una intensidad levemente mayor que una caricia y... la hemos liado parda. Sacad los paraguas (o mejor, los botes salvavidas), porque se acerca un torrente de lágrimas imparable. Irónicamente, cuanto menos caso les hagas, antes dejan de llorar. Claro, pobrecitos, solo necesitan cariño. Y si llamas al causante del llanto y le dices que pida perdón al infante doliente, lo hará, y le dará un beso y un abrazo, y parecerá que todo ha terminado y la paz se ha restaurado. Si, claro, los ... bueno, os imaginais lo que quería decir. Que no, que no, que a los 2 minutos, en cuanto te has dado la vuelta, tienes al párbulo abusando de otro chiquillo, si no del mismo. Que no entienden lo que es el arrepentimiento... aunque eso, técnicamente no es culpa suya. Ya, ya crecerán y alcanzarán el pensamiento abstracto y aprenderéis lo que es arrepentirse y tener remordimientos. El problema será que muchos habrán quedado suficientemente insensibilizados como para poder sentir esas emociones, al menos en una medida normal.
Y volvamos al tema de los Gormiti, que tiene mucha miga. Me intriga sobremanera el asunto de las series de televisión y su impacto en los niños. Los niños se pegan porque los Gormiti (y creo que unos bichos que deben llamarse Bakugan) también se pegan. Y me paro a pensar, viendo los capítulos de esa serie: Leches, cuando yo era pequeño, veía Digimón. Y en Digimón también había peleas (aunque duraban menos, creo yo) y no me daba por ir pegando al primero que veía de mi clase. Jugabamos a pillarnos, finjiendo ser digimons, y cuando nos atrapábamos, teníamos una pequeña rellerta, sin apenas movimientos bruscos, y ale, para clase, que se había terminado el recreo. De este modo, creo que en sí, el grado de violencia no depende tanto de lo que los niños ven en la tele, sino de lo que ven en la calle o el cole. Vamos, que yo abogo por poner otra vez Dragon Ball o cualquier anime o serie sin contenido subido de tono ni espadas (porque claro, a lo mejor, un día te encuentras con que tu hijo se ha hecho con el poder de un cuchullo y trata de rebanarte el gaznate), que para mí, el efecto que van a tener sobre los niños seguirá siendo el mismo.
Y llegados a este punto me pregunto ¿Yo de pequeño era tan ... no sé como decirlo... mezcla de torpe y malintencionado como los niños de ahora? No sé. Bueno, torpe, creo que lo sería (me conozco, y si lo sigo siendo ahora... antes también tuve que serlo). Lo de malintencionado os aseguro que no. Un santito, eso lo puedo corroborar con los testimonios de compañeros y maestros.
Madre mía... en 3 días (el primero no lo cuento, que no pasó nada), me ha tocado soportar (y limpiar) todos los desastres y secrecciones corporales que los niños decidían compartir con el mundo. Llantos para dejar sordo a un elefante... y sin motivo alguno muchas veces. ¿Que los niños se pegan mientras juegan a Gormiti? Da igual, mientras no se partan un diente o vean sangre, ellos no se inmutan, siguen luchando por la supremacía, independientemente de que sus luchas no sen en absoluto coherentes con el guión y el esquema de los episodios de Gormiti, porque como nadie quiere ser de los malos y hay que luchar... pues luchan los buenos entre sí. Eso sí, que se les ocurra rozarse con una intensidad levemente mayor que una caricia y... la hemos liado parda. Sacad los paraguas (o mejor, los botes salvavidas), porque se acerca un torrente de lágrimas imparable. Irónicamente, cuanto menos caso les hagas, antes dejan de llorar. Claro, pobrecitos, solo necesitan cariño. Y si llamas al causante del llanto y le dices que pida perdón al infante doliente, lo hará, y le dará un beso y un abrazo, y parecerá que todo ha terminado y la paz se ha restaurado. Si, claro, los ... bueno, os imaginais lo que quería decir. Que no, que no, que a los 2 minutos, en cuanto te has dado la vuelta, tienes al párbulo abusando de otro chiquillo, si no del mismo. Que no entienden lo que es el arrepentimiento... aunque eso, técnicamente no es culpa suya. Ya, ya crecerán y alcanzarán el pensamiento abstracto y aprenderéis lo que es arrepentirse y tener remordimientos. El problema será que muchos habrán quedado suficientemente insensibilizados como para poder sentir esas emociones, al menos en una medida normal.
Y volvamos al tema de los Gormiti, que tiene mucha miga. Me intriga sobremanera el asunto de las series de televisión y su impacto en los niños. Los niños se pegan porque los Gormiti (y creo que unos bichos que deben llamarse Bakugan) también se pegan. Y me paro a pensar, viendo los capítulos de esa serie: Leches, cuando yo era pequeño, veía Digimón. Y en Digimón también había peleas (aunque duraban menos, creo yo) y no me daba por ir pegando al primero que veía de mi clase. Jugabamos a pillarnos, finjiendo ser digimons, y cuando nos atrapábamos, teníamos una pequeña rellerta, sin apenas movimientos bruscos, y ale, para clase, que se había terminado el recreo. De este modo, creo que en sí, el grado de violencia no depende tanto de lo que los niños ven en la tele, sino de lo que ven en la calle o el cole. Vamos, que yo abogo por poner otra vez Dragon Ball o cualquier anime o serie sin contenido subido de tono ni espadas (porque claro, a lo mejor, un día te encuentras con que tu hijo se ha hecho con el poder de un cuchullo y trata de rebanarte el gaznate), que para mí, el efecto que van a tener sobre los niños seguirá siendo el mismo.
Y llegados a este punto me pregunto ¿Yo de pequeño era tan ... no sé como decirlo... mezcla de torpe y malintencionado como los niños de ahora? No sé. Bueno, torpe, creo que lo sería (me conozco, y si lo sigo siendo ahora... antes también tuve que serlo). Lo de malintencionado os aseguro que no. Un santito, eso lo puedo corroborar con los testimonios de compañeros y maestros.
martes, 21 de diciembre de 2010
Pawn.
Soy un tipo ambicioso. Sí, me temo que lo soy. Vale, vale, podreis decir "Si fueras realmente ambicioso habrías cogido las prácticas en Londres, o estarías preparando los papeles para ir de asistente de conversación al extranjero... o simplemente habrías hecho una carrera con un poco más de prestigio, y no Magisterio). No es ese tipo de ambición. No es que aspire a ser un tipo de prestigio reconocido a gran escala. Simplemente aspiro a ser importante para la gente que me importa. Pero cuando digo "importante", quiero decir "realmente importante". No me conformo con el peón. Quiero ser el rey.
En el ajedrez hay 18 piezas. Bien, digamos que en los círculos en los que me muevo hay también unas 18 personas (persona arriba, persona abajo) a las que puedo llamar amigos. Sí, soy consciente de que Tuenti dice que son 34, pero si nos ponemos a quitar a los de clase o a la gente que está por compromiso más que por otra cosa, con la que no hablo apenas... de los 20 no pasamos...Es evidente que no todas las piezas tienen la misma importancia, y ahí llega lo raro de mi ajedrez: que solo tiene 3 tipos de piezas. Reyes, alfiles y peones. Del orden de 4 reyes... 2 si nos ponemos estrictos, pero dejémoslo en 4. Del orden de 4 alfiles... tal vez alguno más. Y del orden de 8 a 10 peones, según nos pongamos de exigentes. Sin ningún tipo de menosprecio a los peones, que también son gente estupenda. La clasificación está en función del grado de vinculación con la persona. No se puede entrar siendo un rey o un alfil (tiendo a llamar obispos a los alfiles... influencia del ajedrez del Cid y del "bishop" que se usa en Inglés, supongo), son posiciones que se ganan con el tiempo y el esfuerzo... o eso creo... o eso quiero creer.
¿El problema? Quiero ser un rey para los reyes, y no menos de un alfil para los alfiles. Y quiero que los peones asciendan de rango para ser el alfil de más personas. Y quiero que los alfiles asciendan de rango para poder ser el rey de más personas. La cuestión es que no todo el mundo tiene un ajedrez como el mío. Hay gente con ajedreces de decenas de personas más que yo. Y la mayoría de la gente no tiene mas que un rey, y evidentemente, no es un puesto que van a darme a mí. Pero yo lo quiero, porque creo que me lo merezco. Claro, yo me digo: "Leches, si siempre estoy ahí, preguntando que tal van las cosas, preocupándome por los demás, ayudando siempre que puedo... ¿y luego no se me recompensa con una posición acorde a mis esfuerzos? No me parece justo". Y esto con mis reyes... pero también con mis alfiles.
Y sí, soy consciente de que el símil no es precisamente acertado: las personas no son piezas de juego de las que se pueda prescindir. Lo que busco, esencialmente es establecer una similitud solo con la jerarquía y las proporciones de cada grupo, no hacer un paralelismo con otros aspectos.
Pero volvamos otra vez al tema... realmente me hunde no ser alguien importante para los que me importan. Que leches... no nos engañemos, sé que lo digo por una sola persona. En el fondo... creo que los demás me colocan en una posición similar a aquella en la que los tengo yo a ellos. Nee-san... ¿tú sabes por dónde voy, verdad? *Sigh* *Sonrisa amarga*
Arhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...
En el ajedrez hay 18 piezas. Bien, digamos que en los círculos en los que me muevo hay también unas 18 personas (persona arriba, persona abajo) a las que puedo llamar amigos. Sí, soy consciente de que Tuenti dice que son 34, pero si nos ponemos a quitar a los de clase o a la gente que está por compromiso más que por otra cosa, con la que no hablo apenas... de los 20 no pasamos...Es evidente que no todas las piezas tienen la misma importancia, y ahí llega lo raro de mi ajedrez: que solo tiene 3 tipos de piezas. Reyes, alfiles y peones. Del orden de 4 reyes... 2 si nos ponemos estrictos, pero dejémoslo en 4. Del orden de 4 alfiles... tal vez alguno más. Y del orden de 8 a 10 peones, según nos pongamos de exigentes. Sin ningún tipo de menosprecio a los peones, que también son gente estupenda. La clasificación está en función del grado de vinculación con la persona. No se puede entrar siendo un rey o un alfil (tiendo a llamar obispos a los alfiles... influencia del ajedrez del Cid y del "bishop" que se usa en Inglés, supongo), son posiciones que se ganan con el tiempo y el esfuerzo... o eso creo... o eso quiero creer.
¿El problema? Quiero ser un rey para los reyes, y no menos de un alfil para los alfiles. Y quiero que los peones asciendan de rango para ser el alfil de más personas. Y quiero que los alfiles asciendan de rango para poder ser el rey de más personas. La cuestión es que no todo el mundo tiene un ajedrez como el mío. Hay gente con ajedreces de decenas de personas más que yo. Y la mayoría de la gente no tiene mas que un rey, y evidentemente, no es un puesto que van a darme a mí. Pero yo lo quiero, porque creo que me lo merezco. Claro, yo me digo: "Leches, si siempre estoy ahí, preguntando que tal van las cosas, preocupándome por los demás, ayudando siempre que puedo... ¿y luego no se me recompensa con una posición acorde a mis esfuerzos? No me parece justo". Y esto con mis reyes... pero también con mis alfiles.
Y sí, soy consciente de que el símil no es precisamente acertado: las personas no son piezas de juego de las que se pueda prescindir. Lo que busco, esencialmente es establecer una similitud solo con la jerarquía y las proporciones de cada grupo, no hacer un paralelismo con otros aspectos.
Pero volvamos otra vez al tema... realmente me hunde no ser alguien importante para los que me importan. Que leches... no nos engañemos, sé que lo digo por una sola persona. En el fondo... creo que los demás me colocan en una posición similar a aquella en la que los tengo yo a ellos. Nee-san... ¿tú sabes por dónde voy, verdad? *Sigh* *Sonrisa amarga*
Arhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...
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sadness.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Battle.
-Lucharé por lo que es justo. Lucharé por lo que es correcto.
-¿Qué es justo? ¿Qué es correcto?
-Justo es lo que no hace daño a nadie. Correcto es lo que hace bien a todos.
-¿Cómo puedo estar seguro de que lo que yo considero justo y correcto lo es?
-Confiaré en mi criterio, tras haberlo meditado mucho.
-¿Y si aun así, pasas algo por alto?
-Para eso están los demás, para señarlar lo que no sea correcto o justo a su parecer, y que así, yo pueda valorar si realmente están en lo cierto y así modificar mi postura.
-¿Y si no coincidís?
-Entonces aplicaré mi criterio, respetando el de los demás hasta las últimas consecuencias.
-Pero si hay respeto ¿Dónde está tu lucha?
-Yo platearé mis argumentos y formas de ver las cosas a los demás también, para hacerles pensar si realmente están en lo cierto y así modificar su postura.
-Eso es diálogo. Sigo sin ver la lucha.
-Digamos que hay cosas que son objetivas. Dos y dos son cuatro. Cuando me dicen que es cinco, lucho. És una lucha justa, porque lo hago para evitar que el error de esa persona se extienda. Es una lucha correcta, porque busco hacer que dicha persona vea la realidad.
-¿Qué es justo? ¿Qué es correcto?
-Justo es lo que no hace daño a nadie. Correcto es lo que hace bien a todos.
-¿Cómo puedo estar seguro de que lo que yo considero justo y correcto lo es?
-Confiaré en mi criterio, tras haberlo meditado mucho.
-¿Y si aun así, pasas algo por alto?
-Para eso están los demás, para señarlar lo que no sea correcto o justo a su parecer, y que así, yo pueda valorar si realmente están en lo cierto y así modificar mi postura.
-¿Y si no coincidís?
-Entonces aplicaré mi criterio, respetando el de los demás hasta las últimas consecuencias.
-Pero si hay respeto ¿Dónde está tu lucha?
-Yo platearé mis argumentos y formas de ver las cosas a los demás también, para hacerles pensar si realmente están en lo cierto y así modificar su postura.
-Eso es diálogo. Sigo sin ver la lucha.
-Digamos que hay cosas que son objetivas. Dos y dos son cuatro. Cuando me dicen que es cinco, lucho. És una lucha justa, porque lo hago para evitar que el error de esa persona se extienda. Es una lucha correcta, porque busco hacer que dicha persona vea la realidad.
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jueves, 9 de diciembre de 2010
Fail.
Trato de hacer las cosas lo mejor que puedo, pero no siempre es suficiente.
Me esfuerzo por llevar la alegría a los que están a mi alrededor, pero creo que no lo consigo. Al menos no en la medida que me gustaría.
Y es bastante frustrante ver como uno se esfuerza por hacer algo perfecto y, aun así, que no salga bien, o que no sea valorado.
Valorado... No es una queja, técnicamente. No, porque no se puede valorar lo que no se ve. Las intenciones no se ven, y no siempre es fácil reconocerlas. Y luego está el hecho de que me guste guardar mis intenciones para mí mismo. No es que siempre lo consiga, porque a veces, las expreso para poder buscar ese reconocimiento que tanto me gusta.
Supongo que eso es bastante egoista por mi parte.
Siempre tiendo a ver las cosas como si fueran los demás los que fallan... pero tal vez solo sea que mis gafas están sucias. Tal vez no solo las gafas, sino todo mi ser.
Seguramente los fallos los tenga yo. No es justo culpar a los demás por que sea incapaz de mantener una conversación normal, o interesante, o divertida, o reveladora, o reconfortante. Nadie excepto yo tiene la culpa de mi incompetencia social.
¿Social? Juy, si mi incompetencia fuera solo social.
Supongo que me queda mucho por aprender. Este anciano lleva mucho tiempo metido en su torre, enfrascado en sus grimorios, en sus conjuros, en sí mismo. Y tal vez necesite un par (o una docena) de tutores que me enseñen las normas y convenciones sociales, igual que se hace con los que tienen Síndrome de Asperger y no pueden empatizar.
Aunque supongo que tendría que poneros un sueldo para ello... *Sigh*
Me esfuerzo por llevar la alegría a los que están a mi alrededor, pero creo que no lo consigo. Al menos no en la medida que me gustaría.
Y es bastante frustrante ver como uno se esfuerza por hacer algo perfecto y, aun así, que no salga bien, o que no sea valorado.
Valorado... No es una queja, técnicamente. No, porque no se puede valorar lo que no se ve. Las intenciones no se ven, y no siempre es fácil reconocerlas. Y luego está el hecho de que me guste guardar mis intenciones para mí mismo. No es que siempre lo consiga, porque a veces, las expreso para poder buscar ese reconocimiento que tanto me gusta.
Supongo que eso es bastante egoista por mi parte.
Siempre tiendo a ver las cosas como si fueran los demás los que fallan... pero tal vez solo sea que mis gafas están sucias. Tal vez no solo las gafas, sino todo mi ser.
Seguramente los fallos los tenga yo. No es justo culpar a los demás por que sea incapaz de mantener una conversación normal, o interesante, o divertida, o reveladora, o reconfortante. Nadie excepto yo tiene la culpa de mi incompetencia social.
¿Social? Juy, si mi incompetencia fuera solo social.
Supongo que me queda mucho por aprender. Este anciano lleva mucho tiempo metido en su torre, enfrascado en sus grimorios, en sus conjuros, en sí mismo. Y tal vez necesite un par (o una docena) de tutores que me enseñen las normas y convenciones sociales, igual que se hace con los que tienen Síndrome de Asperger y no pueden empatizar.
Aunque supongo que tendría que poneros un sueldo para ello... *Sigh*
lunes, 6 de diciembre de 2010
Likes.
Me gusta...
Me gusta peinarme, y que el pelo me quede liso, u ondulado, pero que siga un patrón uniforme. Me gusta peinarme y que el pelo esté perfectamente desenrredado. Detesto cuando me doy tirones fuertes al peinarme.
Me gusta dormir. Me encanta estar en la cama, al calorcito. Me deleito al dejar volar mi imaginación cuando estoy a punto de dormirme, o nada más despertarme, y ver lo genial que es todo en mi mente. Por el contrario, no me gusta en abosuluto cuando me voy a la cama y no puedo encontrar la postura para dormir, porque estoy nervioso a causa de un exámen, o de que algo ha salido mal.
Me gusta aprender. Disfruto adquiriendo nuevos conocimientos, por inútiles que sean. Me encanta aprender cosas y entenderlas, y luego demostrarme que lo sé y lo comprendo. Me gusta poder demostrar mis conocimientos delante de los demás, por ayudalos o solo por añadir algo interesante a la conversación. Detesto que evaluen mi conocimiento, con exámenes y pruebas que no necesariamente evalúan todo lo que sé.
Me gusta ver películas. Disfruto con casi todas, al menos si se dan ciertas circunstancias. Adoro las comedias, porque me hacen sonreir. Tambíen las películas para niños, porque están cargadas de valores. Disfruto con las más profundas, y con aquellas que me hacen llorar. Incluso con las románticas. Pero por el contrario, no me gusta demasiado el género de terror, porque no le veo sentido a sufrir angustia por algo que no es cierto, y considero que las películas son para disfrutarlas.
Me gusta pasar tiempo con mis amigos. Me encanta que me pregunten que tal me va todo, y preguntarles yo a ellos. Que se preocupen por mí y preocuparme por ellos, y si puedo, ayudarlos. Me gusta que me llamen y me pregunten si puedo quedar. Pero detesto que no me llamen, porque siempre que llamo yo, tengo la impresión de que interrumpo, o soy inoportuno, o que tal vez en ese momento querían que no estuviera, porque prefieren estar a solas.
Me gustan los abrazos. Prefiero un abrazo antes que me den un beso en la mejilla o que me den la mano, al menos cuando hay suficiente confianza. O en el caso de las buenas amigas, un beso y un abrazo, siempre me sube el ánimo. Me gusta que mis amigos me pongan la mano en el hombro para decirme que están a mi lado y que me dan su fuerza.
Me gusta el rol. Me encanta el rol. Adoro el rol. Vivo el rol en todas sus variantes y fases. Me encanta diseñar sistemas nuevos, modificar los existentes y jugar a los que ya han sido inventados. Me encanta hacer el tonto y que los demás lo hagan, pero también disfruto con una partida seria en la que todos nos comportamos. Me incomoda cuando alguien no acepta el estilo de juego de otro, bien por formalidad o por falta de seriedad, porque creo que cada uno debe interpretar como su sentir le indique. Me gusta el rol porque es un arte. Es como ser actor, pero entre amigos. No tolero falta de profesionalidad por parte de los jugadores, pues considero que es algo que aunque se juegue de modo informal y poco serio, hay que tener la seriedad suficiente como para transmitir interés por el juego, ya que el master gasta su valioso tiempo en prepararlo.
Me gusta corregir a los demás. ¿Es un defecto o un mérito? No lo sé, pero me encanta. Disfruto cuando me sacan errores a mí también. Sin embargo, me molesta que expresen mis fallos de forma pública, aunque trato de encajarlo lo mejor posible, ya que yo también corrigo de forma pública.
Me gusta contar el dinero que tengo. Me gusta ahorrar y no gastar, con miras en unas vacas flacas que tal vez nunca vendrán. Detesto tener que gastar más dinero de lo que tengo planeado, especialmente si lo gasto en mí mismo.
Me gusta creer en Dios. Me gusta hablar con Él, y sentir que me escucha y que me responde. Y me gusta ver su mano invisible en muchas de las cosas que me pasan. Me gusta aprender a fundamentar mis creencias y fortalecer mi fe. Me duele enormemente que mi fe no sea tan fuerte como lo era antes. Me duele cuando veo que no hago las cosas como debería según mi credo, y pido perdón a Dios, y luego las cosas van bien, porque siento que Él me está dando mucho más de lo que yo le doy a él. Me duele que la gente trate de hacerme abandonar mis creencias con argumentos que ellos consideran lógicos... pero Dios está por encima de la lógica... cuando tratas de verter el contenido de un pantano en un vaso de agua, el agua lo desborda, y de ese mismo modo Dios desborda nuestra inteligencia. Me gusta pensar que Dios está ahí arriba, y que nos mira a todos con ojos de padre, y que tendrá misericordia de nosotros por hacer las cosas tan mal.
Me gusta todo lo antiguo, especialmente lo medieval. Es una pasión que tengo. Me encantan los pergaminos y los códices. Me encantan los retablos. Me encantan los edificios antiguos, los monasterios y catedrales. Me encantan las armas medievales, especialmente las alabardas. Me encantan las armaduras y escudos.
Me gusta la magia, o lo que lo parece. Me encantan los trucos de los ilusionistas. Disfruto en casa, inventando las palabras que componen los conjuros que saco de los libros de rol o de mi imaginación, inventando los gestos que hay que hacer para lanzarlos, y practicándolos todo junto frente al espejo o a un cristal.
Me gusta la simetría. Me hizo mucha grqacia cuando la profe de Artística lo asoció a que soy un tipo conservador, y luego dedujo que sería un buen partido para una mujer porque soy "de esos tipos que se casan paratoda la vida y no tienen intención de separarse nunca".
Me gusta que me elogien y que me digan lo genial que soy a veces. Me encanta ver cuales son mis puntos fuertes, del mismo modo que me gusta saber los débiles. Sin embargo, me resulta súmamente molesto que me hagan la pelota, porque considero que en realidad es una forma de desprestigiar mis méritos.
Me gusta pasar tiempo con mi madre, reirme con ella, hablar con ella, ayudaarla cuando lo necesita, que ella me ayude cuando lo necesito. Me encanta cuando nos enfrascamos en una conversación ilógica, sin pies ni cabeza, que acaba en medio de ningúna parte. Me duele no decirla más a menudo que la quiero y darla un abrazo... Debo poner remedio a esta situación.
Me gusta la limpieza, hasta un punto obsesivo.
Me gusta la perfección, hasta un punto aún más obsesivo. Me resulta incómodo sacar sobresaliente y no matrícula. Me molesta sacar notable en vez de sobresaliente. Destesto sacar un aprobado en vez de un notable. Detesto cuando Word me saca fallos ortográficos que no existen, y tener que darle a "Agregar al diccionario" o "Omitir una vez" para no ver las líneas rojas bajo las palabras, ni la x sobre el librito de abajo.
Me gusta superarme a mí mismo.
Me gusta hacer cosas personalmente y artesanalmente.
Me gusta escribir listas.
Me gustan muchas cosas más.
Me gusta que leais mi blog.
Me gusta peinarme, y que el pelo me quede liso, u ondulado, pero que siga un patrón uniforme. Me gusta peinarme y que el pelo esté perfectamente desenrredado. Detesto cuando me doy tirones fuertes al peinarme.
Me gusta dormir. Me encanta estar en la cama, al calorcito. Me deleito al dejar volar mi imaginación cuando estoy a punto de dormirme, o nada más despertarme, y ver lo genial que es todo en mi mente. Por el contrario, no me gusta en abosuluto cuando me voy a la cama y no puedo encontrar la postura para dormir, porque estoy nervioso a causa de un exámen, o de que algo ha salido mal.
Me gusta aprender. Disfruto adquiriendo nuevos conocimientos, por inútiles que sean. Me encanta aprender cosas y entenderlas, y luego demostrarme que lo sé y lo comprendo. Me gusta poder demostrar mis conocimientos delante de los demás, por ayudalos o solo por añadir algo interesante a la conversación. Detesto que evaluen mi conocimiento, con exámenes y pruebas que no necesariamente evalúan todo lo que sé.
Me gusta ver películas. Disfruto con casi todas, al menos si se dan ciertas circunstancias. Adoro las comedias, porque me hacen sonreir. Tambíen las películas para niños, porque están cargadas de valores. Disfruto con las más profundas, y con aquellas que me hacen llorar. Incluso con las románticas. Pero por el contrario, no me gusta demasiado el género de terror, porque no le veo sentido a sufrir angustia por algo que no es cierto, y considero que las películas son para disfrutarlas.
Me gusta pasar tiempo con mis amigos. Me encanta que me pregunten que tal me va todo, y preguntarles yo a ellos. Que se preocupen por mí y preocuparme por ellos, y si puedo, ayudarlos. Me gusta que me llamen y me pregunten si puedo quedar. Pero detesto que no me llamen, porque siempre que llamo yo, tengo la impresión de que interrumpo, o soy inoportuno, o que tal vez en ese momento querían que no estuviera, porque prefieren estar a solas.
Me gustan los abrazos. Prefiero un abrazo antes que me den un beso en la mejilla o que me den la mano, al menos cuando hay suficiente confianza. O en el caso de las buenas amigas, un beso y un abrazo, siempre me sube el ánimo. Me gusta que mis amigos me pongan la mano en el hombro para decirme que están a mi lado y que me dan su fuerza.
Me gusta el rol. Me encanta el rol. Adoro el rol. Vivo el rol en todas sus variantes y fases. Me encanta diseñar sistemas nuevos, modificar los existentes y jugar a los que ya han sido inventados. Me encanta hacer el tonto y que los demás lo hagan, pero también disfruto con una partida seria en la que todos nos comportamos. Me incomoda cuando alguien no acepta el estilo de juego de otro, bien por formalidad o por falta de seriedad, porque creo que cada uno debe interpretar como su sentir le indique. Me gusta el rol porque es un arte. Es como ser actor, pero entre amigos. No tolero falta de profesionalidad por parte de los jugadores, pues considero que es algo que aunque se juegue de modo informal y poco serio, hay que tener la seriedad suficiente como para transmitir interés por el juego, ya que el master gasta su valioso tiempo en prepararlo.
Me gusta corregir a los demás. ¿Es un defecto o un mérito? No lo sé, pero me encanta. Disfruto cuando me sacan errores a mí también. Sin embargo, me molesta que expresen mis fallos de forma pública, aunque trato de encajarlo lo mejor posible, ya que yo también corrigo de forma pública.
Me gusta contar el dinero que tengo. Me gusta ahorrar y no gastar, con miras en unas vacas flacas que tal vez nunca vendrán. Detesto tener que gastar más dinero de lo que tengo planeado, especialmente si lo gasto en mí mismo.
Me gusta creer en Dios. Me gusta hablar con Él, y sentir que me escucha y que me responde. Y me gusta ver su mano invisible en muchas de las cosas que me pasan. Me gusta aprender a fundamentar mis creencias y fortalecer mi fe. Me duele enormemente que mi fe no sea tan fuerte como lo era antes. Me duele cuando veo que no hago las cosas como debería según mi credo, y pido perdón a Dios, y luego las cosas van bien, porque siento que Él me está dando mucho más de lo que yo le doy a él. Me duele que la gente trate de hacerme abandonar mis creencias con argumentos que ellos consideran lógicos... pero Dios está por encima de la lógica... cuando tratas de verter el contenido de un pantano en un vaso de agua, el agua lo desborda, y de ese mismo modo Dios desborda nuestra inteligencia. Me gusta pensar que Dios está ahí arriba, y que nos mira a todos con ojos de padre, y que tendrá misericordia de nosotros por hacer las cosas tan mal.
Me gusta todo lo antiguo, especialmente lo medieval. Es una pasión que tengo. Me encantan los pergaminos y los códices. Me encantan los retablos. Me encantan los edificios antiguos, los monasterios y catedrales. Me encantan las armas medievales, especialmente las alabardas. Me encantan las armaduras y escudos.
Me gusta la magia, o lo que lo parece. Me encantan los trucos de los ilusionistas. Disfruto en casa, inventando las palabras que componen los conjuros que saco de los libros de rol o de mi imaginación, inventando los gestos que hay que hacer para lanzarlos, y practicándolos todo junto frente al espejo o a un cristal.
Me gusta la simetría. Me hizo mucha grqacia cuando la profe de Artística lo asoció a que soy un tipo conservador, y luego dedujo que sería un buen partido para una mujer porque soy "de esos tipos que se casan paratoda la vida y no tienen intención de separarse nunca".
Me gusta que me elogien y que me digan lo genial que soy a veces. Me encanta ver cuales son mis puntos fuertes, del mismo modo que me gusta saber los débiles. Sin embargo, me resulta súmamente molesto que me hagan la pelota, porque considero que en realidad es una forma de desprestigiar mis méritos.
Me gusta pasar tiempo con mi madre, reirme con ella, hablar con ella, ayudaarla cuando lo necesita, que ella me ayude cuando lo necesito. Me encanta cuando nos enfrascamos en una conversación ilógica, sin pies ni cabeza, que acaba en medio de ningúna parte. Me duele no decirla más a menudo que la quiero y darla un abrazo... Debo poner remedio a esta situación.
Me gusta la limpieza, hasta un punto obsesivo.
Me gusta la perfección, hasta un punto aún más obsesivo. Me resulta incómodo sacar sobresaliente y no matrícula. Me molesta sacar notable en vez de sobresaliente. Destesto sacar un aprobado en vez de un notable. Detesto cuando Word me saca fallos ortográficos que no existen, y tener que darle a "Agregar al diccionario" o "Omitir una vez" para no ver las líneas rojas bajo las palabras, ni la x sobre el librito de abajo.
Me gusta superarme a mí mismo.
Me gusta hacer cosas personalmente y artesanalmente.
Me gusta escribir listas.
Me gustan muchas cosas más.
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miércoles, 17 de noviembre de 2010
Bipolar.
Uno se pregunta si realmente tiene problemas mentales serios cuando pasa de pensar una cosa a pensar la opuesta de un día a otro, para volver en cuestión de horas a la primera idea, todo ello acompañado por auntentica convicción en todos los momentos. Y es que, claro, a mi no me parece normal, especialmente por el hecho de que aun cuando estoy en uno de esos dos extremos opuestos, comprendo por que antes pensaba lo otro. Supongo que es algo dificil de explicar sin determinar qué es exactamente de qué estoy hablando. Así que vamos, esto me dejará más tranquilo o en su defecto será mi propio ataud, tumba y lápida.
Como se puede apreciar por la últimas entradas de este blog, o simplemente por mi expresión facial de estas últimas semanas, no estoy pasando una buena racha. Bueno, estoy o estaba, no sé con certeza cual de los dos tiempos verbales usar, puesto que no sé si la situación está resuelta en mi mente o no. Ahhhhhh... Bueno, hablando claramente, la causa de mi pésimo estado de ánimo se debia a mi percepción de la relación con aquellas personas, con aquellos amigos con los que más confianza tengo. Sé que va a sonar egoista, puesto que lo es, pero en verdad sentía que no me prestaban la atención que me merecía. "Tú te preocupas por ellos día a día, te preguntas si les habrá pasado algo malo, si están sufriendo o si están agobiados. Luego a lo mejor no lo expresas o no lo haces de la forma adecuada, pero te preocupas por ellos, Diego. Pero ellos ¿se preocupan por tí?" Claro, la primera respuesta que me dí fue un "no". Hacía tiempo que no hablaba (entendiendo hablar como el hecho de tener una conversación relativamente coherente y personal, no meras trivialidades) con ellos y ellas. Y eso me sumía en un auténtico lodazal de amargura. Me sentía realmente indignado también por el hecho de que, al menos en mi memoria, todas las conversaciones las tuviera que iniciar yo, salvo escasas excepciones.
Pero afortunadamente, una personita me hizo reflexionar. Yo era ya consciente de que la época en la que nos encontramos es una época de mucho trabajar y estudiar, pero no lo vi factible hasta que hablé con esa persona. Empecé a plantearme que tal vez me estuviera volviendo paranoico, que seguramente la gente también se preocupara por mí, aunque luego no lo expresara, como en ocasiones hago yo. Y empecé a salir del pantano. Hablé, o intenté hablar (porque no siempre que uno habla es conestado), en mayor o menor cantidad con varias personas que para mí son importantes. Y me convencí de que realmente estaba todo en mi mente, y que en realidad estaba exigiendo un imposible al demandar tanta atención y tan explicita.
Pero ayer, por distintos motivos, volví a plantearme si realmente las cosas eran como me había convencido de que eran. "no soy nadie para muchos de ellos", me dije. "Soy como un vagabundo que mendiga los restos de confianza, de tiempo y de amistad que les quedan después de atender a quienes realmente les importan. Para ellos no soy más que un entretenimiento para cuando los demás falten." Y sé que puede sonar duro, pero realmente lo veía así. Y digo veía, a pesar de que una parte de mí sigue pensando que eso es lo que ocurre.
Y hoy, al levantarme, ¡plas! No veía nada de ello factible. Una vez más, me dije "Está todo en tu cabeza. Sí que les importas. Puede que no seas el primero en la lista de confianza, pero estoy seguro de que realmente estás alto en el ranking. Ya te lo han demostrado muchas veces. Hace tiempo, sí, pero también hace poco. Lo que pasa es que no lo recuerdas, o lo olvidas voluntariamente para darte la razón y quedar como el único bueno de la película. Si no les importaras, no hablarían contigo. Si no les importaras, no te habrían confiado nunca sus sentimientos. Si no les importaras, se limitarían a darte una conversación sin profundidad." Y claro, esos argumentos no los puedo rebatir... a menos que considere que todos los que me rodean son estupendos actores. Pero en el fondo, necesito creer que les importo. Una parte de mí lo sabe.
Pero aun así, si me veis, en persona o en internet, por favor, habladme. Lo dije una vez: "Esos 5 minutitos de conversación me dan la vida". Necesitos esos 5 minutos. Necesito vivir, se lo debo a mucha gente.
Como se puede apreciar por la últimas entradas de este blog, o simplemente por mi expresión facial de estas últimas semanas, no estoy pasando una buena racha. Bueno, estoy o estaba, no sé con certeza cual de los dos tiempos verbales usar, puesto que no sé si la situación está resuelta en mi mente o no. Ahhhhhh... Bueno, hablando claramente, la causa de mi pésimo estado de ánimo se debia a mi percepción de la relación con aquellas personas, con aquellos amigos con los que más confianza tengo. Sé que va a sonar egoista, puesto que lo es, pero en verdad sentía que no me prestaban la atención que me merecía. "Tú te preocupas por ellos día a día, te preguntas si les habrá pasado algo malo, si están sufriendo o si están agobiados. Luego a lo mejor no lo expresas o no lo haces de la forma adecuada, pero te preocupas por ellos, Diego. Pero ellos ¿se preocupan por tí?" Claro, la primera respuesta que me dí fue un "no". Hacía tiempo que no hablaba (entendiendo hablar como el hecho de tener una conversación relativamente coherente y personal, no meras trivialidades) con ellos y ellas. Y eso me sumía en un auténtico lodazal de amargura. Me sentía realmente indignado también por el hecho de que, al menos en mi memoria, todas las conversaciones las tuviera que iniciar yo, salvo escasas excepciones.
Pero afortunadamente, una personita me hizo reflexionar. Yo era ya consciente de que la época en la que nos encontramos es una época de mucho trabajar y estudiar, pero no lo vi factible hasta que hablé con esa persona. Empecé a plantearme que tal vez me estuviera volviendo paranoico, que seguramente la gente también se preocupara por mí, aunque luego no lo expresara, como en ocasiones hago yo. Y empecé a salir del pantano. Hablé, o intenté hablar (porque no siempre que uno habla es conestado), en mayor o menor cantidad con varias personas que para mí son importantes. Y me convencí de que realmente estaba todo en mi mente, y que en realidad estaba exigiendo un imposible al demandar tanta atención y tan explicita.
Pero ayer, por distintos motivos, volví a plantearme si realmente las cosas eran como me había convencido de que eran. "no soy nadie para muchos de ellos", me dije. "Soy como un vagabundo que mendiga los restos de confianza, de tiempo y de amistad que les quedan después de atender a quienes realmente les importan. Para ellos no soy más que un entretenimiento para cuando los demás falten." Y sé que puede sonar duro, pero realmente lo veía así. Y digo veía, a pesar de que una parte de mí sigue pensando que eso es lo que ocurre.
Y hoy, al levantarme, ¡plas! No veía nada de ello factible. Una vez más, me dije "Está todo en tu cabeza. Sí que les importas. Puede que no seas el primero en la lista de confianza, pero estoy seguro de que realmente estás alto en el ranking. Ya te lo han demostrado muchas veces. Hace tiempo, sí, pero también hace poco. Lo que pasa es que no lo recuerdas, o lo olvidas voluntariamente para darte la razón y quedar como el único bueno de la película. Si no les importaras, no hablarían contigo. Si no les importaras, no te habrían confiado nunca sus sentimientos. Si no les importaras, se limitarían a darte una conversación sin profundidad." Y claro, esos argumentos no los puedo rebatir... a menos que considere que todos los que me rodean son estupendos actores. Pero en el fondo, necesito creer que les importo. Una parte de mí lo sabe.
Pero aun así, si me veis, en persona o en internet, por favor, habladme. Lo dije una vez: "Esos 5 minutitos de conversación me dan la vida". Necesitos esos 5 minutos. Necesito vivir, se lo debo a mucha gente.
martes, 9 de noviembre de 2010
Let us in.
A-Si se resisten a que entremos, entonces derribaremos sus murallas. Les demostraremos que no deben cerrarse a nosotros.
B-Pero pensarán que nuestras intenciones son hostiles.
A-Cuando estemos dentro, se darán cuenta de que no lo son.
B-Pero eso es peligroso. Las murallas podrían venirse abajo y aplastarnos. Por no hablar de que su confianza en nosotros quedaría dañada, y con razón.
A-Me da igual. Comprenderán como nos sentimos o moriremos en el intento. Diego no deja las cosas a medias.
B-Tal vez bastaría con que llamáramos a la puerta y pidiéramos que nos dejen entrar.
A-No seas ingenuo. Nadie abre la puerta a los locos y los mendigos como nosotros.
B-Hay gente buena ahí fuera. Y la gente de la que nos rodeamos es buena.
A-Yo... No quiero pasar el invierno en la calle. Eso es todo.
B-Te entiendo. Yo tampoco quiero morir de frío. Pero hay que tener esperanza. La hostilidad nunca resolverá los problemas. Solo los agravará.
B-Pero pensarán que nuestras intenciones son hostiles.
A-Cuando estemos dentro, se darán cuenta de que no lo son.
B-Pero eso es peligroso. Las murallas podrían venirse abajo y aplastarnos. Por no hablar de que su confianza en nosotros quedaría dañada, y con razón.
A-Me da igual. Comprenderán como nos sentimos o moriremos en el intento. Diego no deja las cosas a medias.
B-Tal vez bastaría con que llamáramos a la puerta y pidiéramos que nos dejen entrar.
A-No seas ingenuo. Nadie abre la puerta a los locos y los mendigos como nosotros.
B-Hay gente buena ahí fuera. Y la gente de la que nos rodeamos es buena.
A-Yo... No quiero pasar el invierno en la calle. Eso es todo.
B-Te entiendo. Yo tampoco quiero morir de frío. Pero hay que tener esperanza. La hostilidad nunca resolverá los problemas. Solo los agravará.
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domingo, 7 de noviembre de 2010
Humiliation.
Es complejo de explicar.
En ocasiones, no tengo ningún problema para ponerme en evidencia, o hacer cosas realmente estúpidas, delante de gente que conozco bien. Supongo que me digo a mí mismo que si voy con la intención de humillarme, técnicamente no será humillante en absoluto, puesto que ese era mi objetivo.
Pero si la situación que me hace quedar mal no ha sido previamente diseñada en mi mente, el dolor emocional que me causa es insoportable. A nadie le gusta ser humillado, o que le haga de menos otra persona.
Es horrible. Tengo clavadas en mi memoria y en mi corazon todas esas situaciones que a lo largo de la vida me han ido ocurriendo, desde que estaba en Educación Infantil hasta el día de hoy. Y es verdaderamente doloroso. Es posible que alguna vez, si tenéis suerte, me escucheis pegar un grito y grabar una mueca retorcida en mi rostro sin motivo aparente. Eso es que he recordado uno de esos pequeños traumas.
A nadie le gusta parecer un idiota a ojos de la gente que le importa. Y creo que yo lo aparento con demasiada frecuencia.
En ocasiones, no tengo ningún problema para ponerme en evidencia, o hacer cosas realmente estúpidas, delante de gente que conozco bien. Supongo que me digo a mí mismo que si voy con la intención de humillarme, técnicamente no será humillante en absoluto, puesto que ese era mi objetivo.
Pero si la situación que me hace quedar mal no ha sido previamente diseñada en mi mente, el dolor emocional que me causa es insoportable. A nadie le gusta ser humillado, o que le haga de menos otra persona.
Es horrible. Tengo clavadas en mi memoria y en mi corazon todas esas situaciones que a lo largo de la vida me han ido ocurriendo, desde que estaba en Educación Infantil hasta el día de hoy. Y es verdaderamente doloroso. Es posible que alguna vez, si tenéis suerte, me escucheis pegar un grito y grabar una mueca retorcida en mi rostro sin motivo aparente. Eso es que he recordado uno de esos pequeños traumas.
A nadie le gusta parecer un idiota a ojos de la gente que le importa. Y creo que yo lo aparento con demasiada frecuencia.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
People.
"Things don't make people happy.
People make people happy."
Siempre hay alguien que consigue animarme, aunque no siempre sea la misma persona. Pero lo importante es que tengo un grupito de personas que tienen el don místico de devolverme la sonrisa. Es algo auténticamente mágico cuando se está deprimido y viene alguien a sacarte de ese pozo de oscuridad. Da fuerzas, rejuvenece, eleva el espíritu. Parece simple, pero es una auténtica demostración de poder y empatia que no todos somos capaces de alcanzar.
La felicidad depende en gran medida de la relación que tengamos con la gente que hay a nuestro alrededor, no de las cosas que nos pertenezcan. Prefiero 5 minutos de conversación trascendental, o de discusión filosófica, o de charla sobre lo que nos acontece en la vida antes que un ordenador nuevo, un i-phone o un coche. Dirán ustedes que no me lo creo ni yo, pero la verdad es que sí me lo creo. El ordenador nuevo sería un auténtico engorro para ser instalado, el i-phone no sabría ni por dónde cogerlo y el cohe, seguramente, tampoco. Pero esos 5 minutitos de diálogo... me dan la vida, hijos míos; me dan la vida.
People make people happy."
Siempre hay alguien que consigue animarme, aunque no siempre sea la misma persona. Pero lo importante es que tengo un grupito de personas que tienen el don místico de devolverme la sonrisa. Es algo auténticamente mágico cuando se está deprimido y viene alguien a sacarte de ese pozo de oscuridad. Da fuerzas, rejuvenece, eleva el espíritu. Parece simple, pero es una auténtica demostración de poder y empatia que no todos somos capaces de alcanzar.
La felicidad depende en gran medida de la relación que tengamos con la gente que hay a nuestro alrededor, no de las cosas que nos pertenezcan. Prefiero 5 minutos de conversación trascendental, o de discusión filosófica, o de charla sobre lo que nos acontece en la vida antes que un ordenador nuevo, un i-phone o un coche. Dirán ustedes que no me lo creo ni yo, pero la verdad es que sí me lo creo. El ordenador nuevo sería un auténtico engorro para ser instalado, el i-phone no sabría ni por dónde cogerlo y el cohe, seguramente, tampoco. Pero esos 5 minutitos de diálogo... me dan la vida, hijos míos; me dan la vida.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Cleric.
Casi siempre (si no siempre) que he jugado una partida de rol, he jugado un healer. Incluso cuando no hay healers en el sentido estricto de la expresión.
-Unnamed personaje: Mi primer personaje. Clérigo mago.
-Nilas Arcanister: Mi primer personaje de diseño completo. Clérigo.
-Zacariel Arcanister: Mi primer personaje optimizado. Bardo, evangelizador, cargado de conjuros de sanación.
-Irineo: Mi primer personaje de Vampiro. La oveja negra. Aasamita.
-Walter Preston: El primer vampiro bien diseñado. Tremere. Biomédico.
-Lázár: El primer vampiro con clan de manual de narrador. Salubri. Fraile.
-Paladinus McPaladio: Usado como personaje del Master, pero todavía no usado como PJ. Paladín. Especializado en protección y sanación.
Casi siempre healer. Healer con misión secundaria de defensor. Y si seguimos la corriente psicológica de Manolo (leches, que dolor tener que mencionarle en mi blog) es lo que yo me considero, lo que soy o lo que querría ser. Supongo que en parte sí. Por alguna razón, me siento realizado cuando la gente viene a contarme lo mal que les trata la vida, o lo bien que les va todo, o lo difícil que es tomar una determinada decisión, y yo, los escucho y luego les trato de aconsejar.
Se me da mejor escuchar que hablar. Fundamentalmente porque cuando hablo, tiendo a hablar de mí. Y no es que mi vida sea demasiado apasionante.
By the way, I'm feeling Maxwell today.
-Unnamed personaje: Mi primer personaje. Clérigo mago.
-Nilas Arcanister: Mi primer personaje de diseño completo. Clérigo.
-Zacariel Arcanister: Mi primer personaje optimizado. Bardo, evangelizador, cargado de conjuros de sanación.
-Irineo: Mi primer personaje de Vampiro. La oveja negra. Aasamita.
-Walter Preston: El primer vampiro bien diseñado. Tremere. Biomédico.
-Lázár: El primer vampiro con clan de manual de narrador. Salubri. Fraile.
-Paladinus McPaladio: Usado como personaje del Master, pero todavía no usado como PJ. Paladín. Especializado en protección y sanación.
Casi siempre healer. Healer con misión secundaria de defensor. Y si seguimos la corriente psicológica de Manolo (leches, que dolor tener que mencionarle en mi blog) es lo que yo me considero, lo que soy o lo que querría ser. Supongo que en parte sí. Por alguna razón, me siento realizado cuando la gente viene a contarme lo mal que les trata la vida, o lo bien que les va todo, o lo difícil que es tomar una determinada decisión, y yo, los escucho y luego les trato de aconsejar.
Se me da mejor escuchar que hablar. Fundamentalmente porque cuando hablo, tiendo a hablar de mí. Y no es que mi vida sea demasiado apasionante.
By the way, I'm feeling Maxwell today.
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viernes, 29 de octubre de 2010
Change.
Solo quería dejar constancia de como ha cambiado el estilo de este, mi blog personal, desde que lo empecé hasta hoy.
Al principio parecía que sufría paranoia, metiendo contínuamente la palabra magia por todos lados. Luego se fue "normalizando". Y no sé, pero tal vez haya que recuperar el estilo metafísico y metamágico que lo caracterizó en inicio.
Fundamentalmente porque no me gusta estár en la franja de los normal. Lo normal es lo aceptado, pero también lo mediocre. Y no me gusta la mediocridad, independientemente de que pisiblemente esté incluido en el conjunto de personas mediocres para mucha gente.
Y bueno, aparte de eso... me gusta demasiado destacar y llamar la atencion de los que me rodean como para ser normal y no llamar la atención.
Al principio parecía que sufría paranoia, metiendo contínuamente la palabra magia por todos lados. Luego se fue "normalizando". Y no sé, pero tal vez haya que recuperar el estilo metafísico y metamágico que lo caracterizó en inicio.
Fundamentalmente porque no me gusta estár en la franja de los normal. Lo normal es lo aceptado, pero también lo mediocre. Y no me gusta la mediocridad, independientemente de que pisiblemente esté incluido en el conjunto de personas mediocres para mucha gente.
Y bueno, aparte de eso... me gusta demasiado destacar y llamar la atencion de los que me rodean como para ser normal y no llamar la atención.
viernes, 1 de octubre de 2010
Selfishness.
Tendría poco sentido hablar de egoismo en la entrada anterior sin hablar de mi visión del egoismo.
A mi modo de ver, un ser humano no puede hacer una acción no egoista, pero no por eso es alguien perverso. Todo depende del tipo de recompensa o beneficio que recibe el que hace una acción.
Supongamos que yo le dejase los apuntes de una asignatura a un compañero de clase con el objetivo de que él me dejara los apuntes de otra asignatura, o con el objetivo de que me diera en pago algo, de modo que si no lo hiciera, yo dejaría de pasarle apuntes o incluso de hablarle. Eso sería una acción gravemente egoista.
Supongamos que yo hago lo mismo que antes, pero con la diferencia de que yo anticipo la posibilidad de que no me deje los apuntes y, aun así, yo le doy los mios. Suponiendo que, en caso de que no me dejara sus apuntes, yo le seguiría hablando y no le guardaría un rencor profundo (podría estar levevemente resentido por considerar que no hay un beneficio igualado, eso sí), sería una acción moderadamente egoista.
Supongamos que le hago un regalo a un amigo, teniendo en mente la posibilidad de que él me haga otro regalo más adelante, pero sin que ese sea el motivo de mi regalo, sino que el principal motivo sería el de verle feliz. De ese modo, yo sería feliz, viendo su alegría. Esa sería una acción levemente egoista.
Y supongamos que ahora, yo ayudo a alguien que no me cae particualrmente bien (pero tampoco mal, que no soy ningún santo) y lo hago con la única motivación de pensar que, al final de mi vida o tal vez antes, Dios me recompensará de algún modo. Al no tener la seguridad de que eso sucederá, considero que sería una acción mínimamente egoista.
De este modo, cuanto menos tangible sea la recompensa, cuanto menos sea la probabilidad de recibir la recompensa y cuantas más personas se beneficien de tu acción, menor será el egoismo. Pero siempre será egoista, porque en el final de la cadena de causalidad, estará la necesidad de atraer atención, de ganar amistades, de complacer a quienes te importan, de ganar la vida eterna, de recibir un favor, etcétera. Y en el fondo, si recibimos beneficio, es que lo hacemos por egoismo.
A mi modo de ver, un ser humano no puede hacer una acción no egoista, pero no por eso es alguien perverso. Todo depende del tipo de recompensa o beneficio que recibe el que hace una acción.
Supongamos que yo le dejase los apuntes de una asignatura a un compañero de clase con el objetivo de que él me dejara los apuntes de otra asignatura, o con el objetivo de que me diera en pago algo, de modo que si no lo hiciera, yo dejaría de pasarle apuntes o incluso de hablarle. Eso sería una acción gravemente egoista.
Supongamos que yo hago lo mismo que antes, pero con la diferencia de que yo anticipo la posibilidad de que no me deje los apuntes y, aun así, yo le doy los mios. Suponiendo que, en caso de que no me dejara sus apuntes, yo le seguiría hablando y no le guardaría un rencor profundo (podría estar levevemente resentido por considerar que no hay un beneficio igualado, eso sí), sería una acción moderadamente egoista.
Supongamos que le hago un regalo a un amigo, teniendo en mente la posibilidad de que él me haga otro regalo más adelante, pero sin que ese sea el motivo de mi regalo, sino que el principal motivo sería el de verle feliz. De ese modo, yo sería feliz, viendo su alegría. Esa sería una acción levemente egoista.
Y supongamos que ahora, yo ayudo a alguien que no me cae particualrmente bien (pero tampoco mal, que no soy ningún santo) y lo hago con la única motivación de pensar que, al final de mi vida o tal vez antes, Dios me recompensará de algún modo. Al no tener la seguridad de que eso sucederá, considero que sería una acción mínimamente egoista.
De este modo, cuanto menos tangible sea la recompensa, cuanto menos sea la probabilidad de recibir la recompensa y cuantas más personas se beneficien de tu acción, menor será el egoismo. Pero siempre será egoista, porque en el final de la cadena de causalidad, estará la necesidad de atraer atención, de ganar amistades, de complacer a quienes te importan, de ganar la vida eterna, de recibir un favor, etcétera. Y en el fondo, si recibimos beneficio, es que lo hacemos por egoismo.
Humanity.
Supongo que ser humano no es malo del todo, y sin embargo, no puedo dejar de sentir un cierto desprecio por todos los humanos en general, yo mismo incluido. No tiene que ver con nadie o nada en concreto, es simplemente lo que implica la humanidad.
Ser humano implica un gran egoismo e insolidaridad. En el fondo, el humano común no piensa en nada salvo en sí mismo, bien sea de forma directa o indirecta. Pero lo peor es que es súmamente autocomplaciente. Dale un trabajo fijo con buen sueldo y una famila estable y dejará toda ambición para sumirse en el hedonismo de su genial situación.
No. Solo hay cuatro tipos de humanos que merecen la pena: los héroes, los santos, los genios y los muertos. Los héroes nunca se conforman y siempre aspiran a más para sí mismos y para los suyos, los santos abandonan el egoismo y se sacrifican para entregarse a los demás, los genios no se conforman con lo que hay y buscan revolucionar el mundo para ayudar a los demás. Y los muertos... los muertos no aspiran a más, pero no hacen daño. Los muertos ya han hecho las paces con el Creador.
Ser humano implica un gran egoismo e insolidaridad. En el fondo, el humano común no piensa en nada salvo en sí mismo, bien sea de forma directa o indirecta. Pero lo peor es que es súmamente autocomplaciente. Dale un trabajo fijo con buen sueldo y una famila estable y dejará toda ambición para sumirse en el hedonismo de su genial situación.
No. Solo hay cuatro tipos de humanos que merecen la pena: los héroes, los santos, los genios y los muertos. Los héroes nunca se conforman y siempre aspiran a más para sí mismos y para los suyos, los santos abandonan el egoismo y se sacrifican para entregarse a los demás, los genios no se conforman con lo que hay y buscan revolucionar el mundo para ayudar a los demás. Y los muertos... los muertos no aspiran a más, pero no hacen daño. Los muertos ya han hecho las paces con el Creador.
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