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miércoles, 28 de agosto de 2013

Education

¿Qué es educación?
Los pedagogos y teóricos de la educación suelen coincidir en definirlo como el proceso que permite al ser humano alcanzar su máximo potencial, lo que le hará plenamente humano.
La parte de "plenamente humano" me daría para debatir sobre si una persona puede no ser verdaderamente humana, pero no es el tema de hoy.
Centrémonos en la parte del "pleno potencial", que ahí es donde está la miga.

¿Debe la educación servir a los intereses de la sociedad como conjunto, o a los del sujeto individual? ¿Se puede compatibilizar lo uno y lo otro?

Los que mantienen la educación como un proceso de socialización, ya que es la sociedad lo que nos hace verdaderamente humanos, defienden una educación en la que el sistema educativo encauce a cada alumno hacia una determinada rama del conocimiento, en función de sus aptitudes.
Se alega que si al niño se le da bien algo, será feliz desarrollando su talento, y se convertirá en un valiosísimo profesional para el conjunto de la sociedad. Nada que no sea, en esencia, cierto. Muy pragmático, claramente.

¿Problema? Si ese proceso de especialización se inicia demasiado temprano, el alumno perderá una enormísima cantidad de conocimientos de otras áreas. Conocimientos que son necesarios para estructurar la realidad. Conceptos como el funcionamiento de una red eléctrica, el proceso de colonización, nociones sobre las reacciones químicas... no son solo cultura general, nos ayudan a ver el mundo con mayor precisión, limitando la posibilidad de ser engañados o errar en nuestras actuaciones.
Para ello no basta con una educación primaria, porque a esas edades no se tiene una capacidad de abstracción lo suficientemente desarrollada como para comprender ciertos contenidos.
Aparece así la necesidad de ampliar la educación "general" hasta los 15-16 años, como en nuestro sistema educativo.

Esta premisa de "el individuo necesita aprender a estructurar la realidad para saber orientarse en ella" podría parecer algo que defienden los que buscan dar importancia al individuo, pero realmente es una afirmación bastante neutra. Claramente, buscas dar herramientas útiles al sujeto, que desde el punto de vista de la sociedad en conjunto no son imprescindibles... pero toda sociedad se beneficia de la mejor preparación de sus integrantes. Al fin y al cabo, se aumenta la posibilidad de que puedan resolver problemas simples fuera del campo en el que se han especializado (la de dinero que habría gastado yo en electricistas si no hubiera tenido esas clases de Tecnología en el instituto, o la cantidad de técnicos informáticos que hubiera necesitado para arreglar unos problemas mínimos).

Se alega también, desde los sectores defensores de la educación para la sociedad, que su método contribuye a generar grandes profesionales expertos, mientras que otros sistemas generan profesionales mediocres, pues no se tiene en cuenta su capacidad, sino su interés y motivación.
No estoy en contra de aprovechar nuestros talentos, para nada, pero ¿qué pasa cuando nuestros talentos y nuestros intereses no coinciden? ¿Qué pasa cuando nuestros talentos no afloran hasta que crecemos más?
Respecto a la segunda pregunta, mi respuesta consiste en reiterar lo que ya comenté de "dejar crecer a los alumnos mientras les enseñamos de todo".
En contestación a la primera, haré otra pregunta que ataca la idea de priorizar al sujeto:
¿Quién tiene claro a los 14 años que quiere hacer? Ninguno.
¿Y a los 16? Pocos.

Muchos de nosotros hemos ido cambiando de idea hasta que nos tocó elegir carrera. Carrera que elegimos en función de nuestros gustos y posibilidades en ese momento (lástima que tenga que mencionar esto segundo, porque lo ideal sería que la economía no nos limitase), salvo aquellos que fueron condicionados por sus padres (también es triste que se de esto). Carrera que algunos cambiaron al poco o al mucho de empezarla, para hacer algo más ajustado a sus capacidades o intereses.
Supongo que ahí es donde más se puede criticar el sistema que tenemos: permite a la gente "perder tiempo" hasta que encuentra lo que busca. Pero resaltaré las comillas de "perder tiempo", porque no lo considero del todo así. Es, a mi juicio, un proceso de conocerse a uno mismo, con sus gustos y sus límites. Lo importante es acabar haciendo algo que te guste y que te de trabajo (sin aprovecharse de la excusa del "sigo buscando", claro).
Porque si eso es perder tiempo, señores y señoras mías, entonces dejar que la gente busque pareja por si misma es perder tiempo también, que no creo que muchos la encuentren a la primera... pero no por eso defendemos el matrimonio concertado, ¿no?

Y dejando atrás este símil que tanto me ha gustado y que se me ha ocurrido sobre la marcha, volvamos al tema que nos atañe.
La motivación es importante. Y la motivación, se pierde (y se gana). Se pierde cuando se obliga a uno a ir por un camino marcado, por mucho que le guste. Porque por mucho que se limite el acercamiento a otras áreas de la realidad del alumno, éste las acabará experimentando o conociendo.
Y puede que le gusten.
Puede que le gusten más que aquello que se le da bien.
Pero no podrá acceder a ellas, porque el sistema lo impide.
Y eso frustra. Empaña la vida.
La felicidad del sujeto no siempre es algo racional.

Si me hubieran hecho estudiar lo que se me daba bien, hoy en día sería biólogo o matemático o teólogo o filólogo. Son cosas que se me dan bien, que me gustan, no hubiera sido un gran problema.
Pero me gustaba más la perspectiva de enseñar.
En un sistema educativo para y por la sociedad, yo no habría podido ser maestro. Porque cuando tocó elegir carrera, mis habilidades sociales y de empatía eran mínimas.
Y aquí estoy hoy, disfrutando de los cumplidos de alumnos y madres sobre mi enorme capacidad docente y simpatía.
Y es que muchas veces, el talento importa menos que la motivación.
Cada éxito nos anima a seguir avanzando, y cada fracaso, a seguir mejorando.

Conclusión: dejen a los niños, a los adolescentes, ser lo que quieran.
Ser, que no hacer.
No podemos que los niños hagan lo que quieran, eso no es educación. Y sin educación, aparecen los vagos, los incultos y los violentos.
Eduquemos para ser felices.
Eduquemos para las responsabilidad.
Si son felices, serán eficientes en lo que hagan, porque estarán motivados.
Si son responsables, elegirán lo que es mejor para ellos y para el resto, porque tendrán conciencia de grupo.
Y así no habrá que elegir entre individuo o sociedad. Porque el individuo feliz y educado sabe que, aún con sus peculiaridades y diferencias, no puede vivir al margen de la sociedad.

No dejemos que los padres y los maestros decidan por los estudiantes.
Dejémos a los padres y maestros que ayuden a los estudiantes a decidir.
Porque por muy bien que los conozcan... nunca los conocerán tan bien como ellos mismos.
Porque... a nosotros tampoco nos gusta que decidan por nosotros, ¿verdad?

viernes, 16 de noviembre de 2012

She.

She is great.
And she proves it everyday.
I'm glad I met her, because she is great.

viernes, 12 de octubre de 2012

Dust.

Uf.
Uffff.
¡Cuánto polvo!
...
Nada de dobles sentidos, ¿eh?

La verdad es que 5 meses son mucho. 5 Meses sin actualizar esta torre mía, de mi alma y de mi corazón.
Pero 5 es un buen número.
Además, 5 meses dan para mucho. Especialmente estos 5 meses.

No me voy a detener a contar que ha pasado o que he hecho este verano. Simplemente quedémonos con que ha sido un verano especial. Muy bueno. Muy extraño. Pero está lleno de esos momentos del pasado que recuerdas con nostalgia, con alegría y con esa sonrrisa de tonto que se le dibuja a uno en la cara cuando piensa en un buen momento. Memorable. Tuvo sus sombras, como todo. Tuvo momentos agrios. Pero lo seguiré recordando como uno de los mejores de mi vida.
Las Jornadas. Las tardes con las amigas. Las quedadas de la aso. El Level Up. Las partidas de rol. El multi-cumpleaños. El Tanabata. Las partidas de Tronos...
Volverán, pero nunca como esta vez.

Ahora de nuevo en la uni, sin la mitad de profesores, con una desgana absoluta por todo, el verano se hace mucho más dulce de recordar. Pero "show must go on". Y esa es de nuevo la historia de mi vida. Al menos este cuatrimestre. No hay demasiado tiempo para la magia de momento...

O a lo mejor sí... y lo hacen aún mejor.
;)

sábado, 28 de abril de 2012

Diamonds.

¿Ha pasado un buen tiempo desde la última vez que pasé por aquí, verdad?
Pues sí. Cosa de la universidad, principalmente. Las prácticas por la mañana y las clases por la tarde creaban un horario-tenaza que apenas me dejaba respirar. Y eso sin añadir las clases particulares que doy (ahora más que antes, que tengo cliente nueva) ni la academia. Y bueno, alternado con eso, pues cosillas de las II Jornadas de Manga y Ocio Alternativo (nos van a quedar geniales, aunque se nos vaya el dinero en ello) y los múltiples líos y momentos de angustia con los que muchas veces os habré deleitado. Vamos, que he pasado una larga racha de trabajo, exámenes, trabajos de clase, reuniones, presentaciones, lip-dubs (esto es lo más rayante de todo) y personas enfadadas conmigo (o yo con ellas).
Pero de todo se aprende. Y esta vez he aprendido que soy resistente. He pasado una racha dura, pero yo he sido más duro.
Sin embargo, no creo que sea algo exclusivo de mí. Todos somos resistentes, recios como los diamantes. Y esa es la palabra clave de hoy: diamantes. Somos todos diamantes: al nacer somos como diamantes en bruto, altamente imperfectos y burdos, carentes de forma definida. Luego, según crecemos, en la familia y la escuela vamos siendo tallados, vamos ganando en genialidad, belleza y perfección, hasta convertirnos en piezas únicas, irrepetibles y grandiosas. Con muchas  facetas, pero sin dejar de ser un solo ente. Brillantes. Resistentes. Eternos. Y con un valor incalculable.

sábado, 19 de febrero de 2011

Patience.

Muchas veces me he pregunta si mi paciencia tiene un límite. Hoy me digo: Sí, lo tiene.

Puedo pasar que una persona sea egocéntrica, porque en gran medida, yo también lo soy.
Puedo pasar que una persona sea ególatra, porque en gran medida, yo también lo soy.
Puedo pasar que una persona haga bromas pesadas, porque aunque lo deteste y yo no las haga, considero que pasar un poco de vergüenza de vez en cuando, nos hace poner los pies en el suelo y dejarnos de creernos tan geniales.
Puedo pasar que una persona me haga daño, bien físico, bien emocional, a mí (y solo a mí), porque... porque si devolviera el daño, me estaría rebajando a su nivel.

Y podría decir que puedo pasar todo junto... pero eso no sería totalmente cierto.

Exijo una satisfacción.
Exijo justicia.

No, la verdad es que no. Ni exijo una satisfacción ni exijo justicia. Lo que exijo es un cambio de actitud completo. Porque cuando una persona hace todas esas cosas y no solo no cambia, sino que persiste y le parece gracioso, es porque o es un niño sin conceptos de lo que es correcto y lo que no o porque es un completo... ¿hay algúna palabra que sea lévemente más suave que gilipollas?

Pero como soy un tipo simpático, me limitaré a pensar que es porque emocionalmente es un niño de 3 años, y como los niños aprenden lo que está bien y lo que está mal por condicionamiento, le privaré de mi compañía y mi palabra hasta que aprenda, no sólo a comportarse conmigo, sino con todos. Porque son muchos los que son de mi opinión, y todos con buenos motivos.

Ah, bueno... como él no lee mi blog... decidle a Guille que se pase y lo lea.

lunes, 14 de febrero de 2011

Continuing.

Pues sí, lo dicho ayer, que tengo muchos grupillos y es difícil juntarlos (por no decir imposible, o poco deseable, puesto que me abruman los grupos grandes). Veamos, de base tengo a "mis chicas" (que vienen con cuentagotas, menos en verano, que puedo disfrutar un poquito más de ellas). También está TDA, que se junta con más frecuencia (aunque cuando hay futbol, Diego disapproves). Tenemos a Pernas e Igor (y agregados), que me requieren los viernes o domingos. Y tenemos también a ACNIL, que se reune poco, y suele hacerlo los viernes. Oh, y el Refinado's Club, con reuniones poco frequentes, pero que cunden. Cuestión: hay que repartir, durante el curso los 3 días de tarde libre (bueno, los jueves también los tengo libres, pero el resto de gente tiene que hacer cosas por norma general) entre esos 5 (¿he contado bien?) grupos. Y hay que añadir que a veces, tengo necesidad de hablar con alguien en particular de forma más o menos privada. Esto no suele pasar a menudo, fundamentalmente porque requiere un grado de confianza o aprecio muy alto por mi parte. Pero bueno, trato de repartirme medianamente bien y creo que más o menos lo hago. Si hay quejas, el buzon de sugerencias está abierto a todos.

Oh, y ya que estamos... si te has tomado la molestia de leer todo esto... ponme un comentario, ya que estás. Aunque sean unos puntos suspensivos. Si es por convencerme de que esto le sirve a la gente a conocerme un poquitillo más.

sábado, 15 de enero de 2011

Testing.

¿Mencioné alguna vez que me gusta poner a prueba y examinar a la gente?
Me encanta. Lo hago en todo momento. Cada palabra, cada gesto, cada modo de hacer las cosas... todo es analizado y evaluado.
¿Por qué lo hago?
Me gusta llevar el control de las cosas que pasan. Es como hacer la contabilidad de una empresa. Me permite focalizar mi atención. Me permite jerarquizar (me encanta jerarquizar).
¿Cuando lo hago?
Siempre, pero a veces lo hago de forma más exhaustiva. Eso es lo que sucede cuando estoy molesto. Es lo que llamo "examenes".

martes, 21 de diciembre de 2010

Pawn.

Soy un tipo ambicioso. Sí, me temo que lo soy. Vale, vale, podreis decir "Si fueras realmente ambicioso habrías cogido las prácticas en Londres, o estarías preparando los papeles para ir de asistente de conversación al extranjero... o simplemente habrías hecho una carrera con un poco más de prestigio, y no Magisterio). No es ese tipo de ambición. No es que aspire a ser un tipo de prestigio reconocido a gran escala. Simplemente aspiro a ser importante para la gente que me importa. Pero cuando digo "importante", quiero decir "realmente importante". No me conformo con el peón. Quiero ser el rey.
En el ajedrez hay 18 piezas. Bien, digamos que en los círculos en los que me muevo hay también unas 18 personas (persona arriba, persona abajo) a las que puedo llamar amigos. Sí, soy consciente de que Tuenti dice que son 34, pero si nos ponemos a quitar a los de clase o a la gente que está por compromiso más que por otra cosa, con la que no hablo apenas... de los 20 no pasamos...Es evidente que no todas las piezas tienen la misma importancia, y ahí llega lo raro de mi ajedrez: que solo tiene 3 tipos de piezas. Reyes, alfiles y peones. Del orden de 4 reyes... 2 si nos ponemos estrictos, pero dejémoslo en 4. Del orden de 4 alfiles... tal vez alguno más. Y del orden de 8 a 10 peones, según nos pongamos de exigentes. Sin ningún tipo de menosprecio a los peones, que también son gente estupenda. La clasificación está en función del grado de vinculación con la persona. No se puede entrar siendo un rey o un alfil (tiendo a llamar obispos a los alfiles... influencia del ajedrez del Cid y del "bishop" que se usa en Inglés, supongo), son posiciones que se ganan con el tiempo y el esfuerzo... o eso creo... o eso quiero creer.
¿El problema? Quiero ser un rey para los reyes, y no menos de un alfil para los alfiles. Y quiero que los peones asciendan de rango para ser el alfil de más personas. Y quiero que los alfiles asciendan de rango para poder ser el rey de más personas. La cuestión es que no todo el mundo tiene un ajedrez como el mío. Hay gente con ajedreces de decenas de personas más que yo. Y la mayoría de la gente no tiene mas que un rey, y evidentemente, no es un puesto que van a darme a mí. Pero yo lo quiero, porque creo que me lo merezco. Claro, yo me digo: "Leches, si siempre estoy ahí, preguntando que tal van las cosas, preocupándome por los demás, ayudando siempre que puedo... ¿y luego no se me recompensa con una posición acorde a mis esfuerzos? No me parece justo". Y esto con mis reyes... pero también con mis alfiles.
Y sí, soy consciente de que el símil no es precisamente acertado: las personas no son piezas de juego de las que se pueda prescindir. Lo que busco, esencialmente es establecer una similitud solo con la jerarquía y las proporciones de cada grupo, no hacer un paralelismo con otros aspectos.
Pero volvamos otra vez al tema... realmente me hunde no ser alguien importante para los que me importan. Que leches... no nos engañemos, sé que lo digo por una sola persona. En el fondo... creo que los demás me colocan en una posición similar a aquella en la que los tengo yo a ellos. Nee-san... ¿tú sabes por dónde voy, verdad? *Sigh* *Sonrisa amarga*
Arhhhhhhhhhhhhhhhhhhh...

lunes, 6 de diciembre de 2010

Likes.

Me gusta...

Me gusta peinarme, y que el pelo me quede liso, u ondulado, pero que siga un patrón uniforme. Me gusta peinarme y que el pelo esté perfectamente desenrredado. Detesto cuando me doy tirones fuertes al peinarme.

Me gusta dormir. Me encanta estar en la cama, al calorcito. Me deleito al dejar volar mi imaginación cuando estoy a punto de dormirme, o nada más despertarme, y ver lo genial que es todo en mi mente. Por el contrario, no me gusta en abosuluto cuando me voy a la cama y no puedo encontrar la postura para dormir, porque estoy nervioso a causa de un exámen, o de que algo ha salido mal.

Me gusta aprender. Disfruto adquiriendo nuevos conocimientos, por inútiles que sean. Me encanta aprender cosas y entenderlas, y luego demostrarme que lo sé y lo comprendo. Me gusta poder demostrar mis conocimientos delante de los demás, por ayudalos o solo por añadir algo interesante a la conversación. Detesto que evaluen mi conocimiento, con exámenes y pruebas que no necesariamente evalúan todo lo que sé.

Me gusta ver películas. Disfruto con casi todas, al menos si se dan ciertas circunstancias. Adoro las comedias, porque me hacen sonreir. Tambíen las películas para niños, porque están cargadas de valores. Disfruto con las más profundas, y con aquellas que me hacen llorar. Incluso con las románticas. Pero por el contrario, no me gusta demasiado el género de terror, porque no le veo sentido a sufrir angustia por algo que no es cierto, y considero que las películas son para disfrutarlas.

Me gusta pasar tiempo con mis amigos. Me encanta que me pregunten que tal me va todo, y preguntarles yo a ellos. Que se preocupen por mí y preocuparme por ellos, y si puedo, ayudarlos. Me gusta que me llamen y me pregunten si puedo quedar. Pero detesto que no me llamen, porque siempre que llamo yo, tengo la impresión de que interrumpo, o soy inoportuno, o que tal vez en ese momento querían que no estuviera, porque prefieren estar a solas.

Me gustan los abrazos. Prefiero un abrazo antes que me den un beso en la mejilla o que me den la mano, al menos cuando hay suficiente confianza. O en el caso de las buenas amigas, un beso y un abrazo, siempre me sube el ánimo. Me gusta que mis amigos me pongan la mano en el hombro para decirme que están a mi lado y que me dan su fuerza.

Me gusta el rol. Me encanta el rol. Adoro el rol. Vivo el rol en todas sus variantes y fases. Me encanta diseñar sistemas nuevos, modificar los existentes y jugar a los que ya han sido inventados. Me encanta hacer el tonto y que los demás lo hagan, pero también disfruto con una partida seria en la que todos nos comportamos. Me incomoda cuando alguien no acepta el estilo de juego de otro, bien por formalidad o por falta de seriedad, porque creo que cada uno debe interpretar como su sentir le indique. Me gusta el rol porque es un arte. Es como ser actor, pero entre amigos. No tolero falta de profesionalidad por parte de los jugadores, pues considero que es algo que aunque se juegue de modo informal y poco serio, hay que tener la seriedad suficiente como para transmitir interés por el juego, ya que el master gasta su valioso tiempo en prepararlo.

Me gusta corregir a los demás. ¿Es un defecto o un mérito? No lo sé, pero me encanta. Disfruto cuando me sacan errores a mí también. Sin embargo, me molesta que expresen mis fallos de forma pública, aunque trato de encajarlo lo mejor posible, ya que yo también corrigo de forma pública.

Me gusta contar el dinero que tengo. Me gusta ahorrar y no gastar, con miras en unas vacas flacas que tal vez nunca vendrán. Detesto tener que gastar más dinero de lo que tengo planeado, especialmente si lo gasto en mí mismo.

Me gusta creer en Dios. Me gusta hablar con Él, y sentir que me escucha y que me responde. Y me gusta ver su mano invisible en muchas de las cosas que me pasan. Me gusta aprender a fundamentar mis creencias y fortalecer mi fe. Me duele enormemente que mi fe no sea tan fuerte como lo era antes. Me duele cuando veo que no hago las cosas como debería según mi credo, y pido perdón a Dios, y luego las cosas van bien, porque siento que Él me está dando mucho más de lo que yo le doy a él. Me duele que la gente trate de hacerme abandonar mis creencias con argumentos que ellos consideran lógicos... pero Dios está por encima de la lógica... cuando tratas de verter el contenido de un pantano en un vaso de agua, el agua lo desborda, y de ese mismo modo Dios desborda nuestra inteligencia. Me gusta pensar que Dios está ahí arriba, y que nos mira a todos con ojos de padre, y que tendrá misericordia de nosotros por hacer las cosas tan mal.

Me gusta todo lo antiguo, especialmente lo medieval. Es una pasión que tengo. Me encantan los pergaminos y los códices. Me encantan los retablos. Me encantan los edificios antiguos, los monasterios y catedrales. Me encantan las armas medievales, especialmente las alabardas. Me encantan las armaduras y escudos.

Me gusta la magia, o lo que lo parece. Me encantan los trucos de los ilusionistas. Disfruto en casa, inventando las palabras que componen los conjuros que saco de los libros de rol o de mi imaginación, inventando los gestos que hay que hacer para lanzarlos, y practicándolos todo junto frente al espejo o a un cristal.

Me gusta la simetría. Me hizo mucha grqacia cuando la profe de Artística lo asoció a que soy un tipo conservador, y luego dedujo que sería un buen partido para una mujer porque soy "de esos tipos que se casan paratoda la vida y no tienen intención de separarse nunca".

Me gusta que me elogien y que me digan lo genial que soy a veces. Me encanta ver cuales son mis puntos fuertes, del mismo modo que me gusta saber los débiles. Sin embargo, me resulta súmamente molesto que me hagan la pelota, porque considero que en realidad es una forma de desprestigiar mis méritos.

Me gusta pasar tiempo con mi madre, reirme con ella, hablar con ella, ayudaarla cuando lo necesita, que ella me ayude cuando lo necesito. Me encanta cuando nos enfrascamos en una conversación ilógica, sin pies ni cabeza, que acaba en medio de ningúna parte. Me duele no decirla más a menudo que la quiero y darla un abrazo... Debo poner remedio a esta situación.
Me gusta la limpieza, hasta un punto obsesivo.

Me gusta la perfección, hasta un punto aún más obsesivo. Me resulta incómodo sacar sobresaliente y no matrícula. Me molesta sacar notable en vez de sobresaliente. Destesto sacar un aprobado en vez de un notable. Detesto cuando Word me saca fallos ortográficos que no existen, y tener que darle a "Agregar al diccionario" o "Omitir una vez" para no ver las líneas rojas bajo las palabras, ni la x sobre el librito de abajo.

Me gusta superarme a mí mismo.

Me gusta hacer cosas personalmente y artesanalmente.

Me gusta escribir listas.

Me gustan muchas cosas más.

Me gusta que leais mi blog.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Castles.

Un caminante viajaba por un gran reino, vasto como solo la mente puede concebir. En el reino había decenas de nobles, unos con más poder que otros, otros de más rancio abolengo que unos. El caminante los conocía a todos, en mayor o menor medida, y con frecuencia les pedía cobijo en las noches frias y oscuras. Las puertas de los grandes señores siempre estaban abiertas, pero a veces, el caminante, en su orgullo, se convencía a si mismo de que estaban cerradas cuando los señores no iban a recibirle y abrian las puertas de par en par. Muchas veces estaban entrecerradas, y el caminante, soberbio, se negaba a comprobar de cerca que realmente estaban abiertas. Hasta que un día, el caminante decidió que la amistad con aquellos nobles valía más que su orgullo.

Estaba la señora del fuego, la princesa carmesí, siempre sonrojada y llena de alegría. Era una mujer joven pero sabia y tremendamente inteligente. Siempre sabía aconsejar bien al caminante, incluso en las situaciones más complejas, y le acogía siempre, por muy manchado de barro que estuviese. Conocía decenas de idiomas, y había quien decía que podía hablar con las propias aves. Su castillo era grande, lleno de vida y de personas de todos los puntos del reino, y tenía unas puertas enormes. El único problema es que estaba en una zona muy lejana del corazón del reino, donde la gente hablaba también extaños e incomprensibles dialectos de la lengua común. Era como una hermana pequeña para el caminante.

También estaba la dama del agua, la princesa del hielo, tímida y enigmática. Era la más joven de toda la nobleza. Vivía en una torre de cristal y hielo, cuyas puertas a veces costaba abrir por completo a causa de la escarcha de la zona; la misma escarcha que distorsionaba su delicado reflejo en los espejos, impidiéndola ver sus muchas cualidades. En su torre solo entraban unos pocos afortunados, aquellos que ella estimaba dignos de su confianza. El caminante gustaba de visitarla, porque ella siempre estaba dispuesta a hablar con él, tanto de cosas triviales como de temas profundos, llenos de retórica. Era como una hija para el caminante.

Había otro poderoso noble, el señor de la tierra, el caballero de acero, fuerte y carismático. Era uno de los nobles más antiguos, y como el caminante, disfrutaba hablando en lengua culta, hasta el punto de compartir tutor de dicho idioma. Era astuto y tenía gran fortaleza, tanto física como mental. Vivía en una fortaleza cuya mayor estancia era un gran salón, rebosante de personas que acudían a visitar al señor, ya que era un hombre amable y simpático. Su fortaleza estaba en un risco, lo que dificultaba algo el visitarlo, pero el noble bajaba con frecuencia a las llanuras sobre las que gobernaba, para intercambiar opiniones con las gentes, entre ellos, el caminante, cuando éste no encontraba fuerzas para llegar al gran salón.

Algo más lejos estaba la dama del bosque, la maestra de la sabia, en el bosque denso y fértil que era su hogar. Siempre sonriente y siempre amable; siempre dispuesta a llevar la alegría consigo, el caminante disfrutaba hablando con ella por ese motivo. Al caminante también le gustaba su forma de ver las cosas, realista y crítica a la vez. En el bosque se reunían todo tipo de personas para hablar con ella, y era muy querida en sus dominios.

En lugares también remotos estaban la señora de la energía y la dama de sangre, recientes incorporaciones a la alta nobleza. La dama de sangre vivía en una aristocrática y decadente mansión, que el caminante no podía visitar muy a menudo, pero cuando lo hacía, disfrutaba hablando con ella y confesándole las penas de su corazón. Al caminante, la dama de la energía le recordaba a sí mismo, y con ella compartía muchas aficiones sobre las que hablaban de forma animada.

Otro gran noble era el señor del viento, en su flotante y humeante fortaleza mecánica. El caminante se sentía triste, porque aunque la fortaleza siempre flotaba cerca de donde se encontraba, le resultaba difícil encontrar el modo de subir a ella, o se veía demasiado ocupado como para hacerlo. No obstante, el señor del viento lo comprendía, y solo le exigía un mínimo de visitas, como la primera visita del año.

Y también estaban los nobles en ascenso, figuras nuevas en el panorama, o figuras que no habían tenido mucha importancia hasta hace poco, por sus dominios más reducidos. Estaba, por ejemplo, el señor de la mente, siempre alocado e inmerso en cuestiones filosóficas.

Pero lo que en realidad quería el caminante con sus visitas era quemar los castillos de todos... ¡Naaaaaaaahhhhhhh! ¡Es broma!

Solo buscaba los planos para construirse una habitación permanente en todos sus castillos. =P

miércoles, 3 de noviembre de 2010

People.

"Things don't make people happy.
People make people happy."

Siempre hay alguien que consigue animarme, aunque no siempre sea la misma persona. Pero lo importante es que tengo un grupito de personas que tienen el don místico de devolverme la sonrisa. Es algo auténticamente mágico cuando se está deprimido y viene alguien a sacarte de ese pozo de oscuridad. Da fuerzas, rejuvenece, eleva el espíritu. Parece simple, pero es una auténtica demostración de poder y empatia que no todos somos capaces de alcanzar.

La felicidad depende en gran medida de la relación que tengamos con la gente que hay a nuestro alrededor, no de las cosas que nos pertenezcan. Prefiero 5 minutos de conversación trascendental, o de discusión filosófica, o de charla sobre lo que nos acontece en la vida antes que un ordenador nuevo, un i-phone o un coche. Dirán ustedes que no me lo creo ni yo, pero la verdad es que sí me lo creo. El ordenador nuevo sería un auténtico engorro para ser instalado, el i-phone no sabría ni por dónde cogerlo y el cohe, seguramente, tampoco. Pero esos 5 minutitos de diálogo... me dan la vida, hijos míos; me dan la vida.

viernes, 29 de octubre de 2010

Thursday.

Si. Ayer empezó bien. Clavé ese examen de historia que me preocupaba. Enrique II, la Carta Magna , las Provisiones de Oxford y las consecuencias de la Guerra de los Cien Años. No me atreví a ponerme un 9,5 o un 9 en la autovaloración del examen, porque aunque estuviera seguro de que no me faltaba nada, me parece que hubiera sido un tanto arrogante. Al final me adjudiqué un 8,5. El 10 para Dios y el 9 para mí, decía el profesor de una amiga (o eso asegura ella).
Luego vino la reunión para repartir las prácticas en colegios. Me tocó el colegio que quería, pero en infantil, de modo que solo impartimos 4 horas de inglés a la semana. Claro, me pareció un poco penoso. A lo mejor una profe me apaña las cosas para que pueda estar el segundo mes con una profe de primaria (recemos por ello). Aunque claro, luego, algo me dice que las profesoras del colegio me guardarán rencor por ello. Supongo que la de infantil se lo tomará como que no me gusta su forma de dar clase. Pero bueno, todo se andará.
Luego degusté un nuevo capítulo del manga de Bleach, un tanto penosete, a mi parecer. pero oye, a lo mejor luego evoluciona de forma correcta y se convierte en algo interesante.
Y bueno, la tarde movidita. Había que comprar complementos para disfrazarse por la noche, había que tratar de organizar a los americanos... Bueno, lo de los complementos bien (aunque faltó la pistola, pero bueno, lo puedo pasar). Lo que me da de pensar son los americanos. Creo que no había hablado de dos incorporaciones más recientes: Nick, un chaval ingenioso, que lidera conmigo una revolución contra la ambigüedad y hace puenting desde la catedral; y Alison, una chica muy simpática (y muy guapa ella, todo sea dicho). Bueno, la cuestión es que pedí que se propagara la intención de salir por la noche entre el sector Michigan, pero a la hora de quedar, solo había un chaval, Brendan (no sé si lo había mencionado). Y a los 20 minutos, dice que va a buscar al resto, y vuelve con dos chicas americanas más y la mitad de mi clase (todos ellos luciendo sendos monos de trabajo con sangre de pega). Y no sé que pensar. Tal vez no le caiga bien al sector americano. O no tan bien como pensaba. Y los desengaños sociales no suelo tomármelos bien...
Pero bueno, ahí estuve, con un flamante traje, corbata roja, gafas, el pelo teñido de gris canoso (recogido con un lazo amarillo, muy elegante todo) y una bata llena de sangre (para hacer juego con la corbata. El hecho de que medio burgos estuviera disfrazado y el llvar conmigo a un zombie con traje de ejecutivo (Mr. Lezcano) y una... nosequé lolita (vamos, Andrea con un vestido blanco de lolita, pero lleno de sangre) ayudó a no sentirme extraño enormemente (aunque después de salir como Mayuri el año pasado, estoy entrenado para estas contingencias).
Veremos. Veremos como se desarrollan las cosas estos días...
Oh, casi se me olvidaba que estuve a punto de perder la cartera... Pero esa es una historia para contar directamente, a ser posible en persona o por teléfono.

viernes, 8 de octubre de 2010

Americans.

Pues resulta que ayer salimos por la noche con unos estudiantes de Michigan (algo me dice que no lo he escrito bien). Muy simpáticos todos ellos, la verdad. Fue estupendo poder hablar algo de inglés con alguien que es nativo, y que te corrija, y que ellos hablen en español y tu les corrijas, y así todos mejoramos. Y bueno, fue estupendo conocer a gente nueva.
Vamos a ver si recuerdo los nombres: Holly (una chica muy simpática, que sabe que el "papaya americana" se baila al estilo "robot"), Elizabeth (una chica que también es muy simpática, y con unas ganas de fiesta exageradas), Mikey (no estoy seguro del nombre auténtico, pero todos le llamamos así. La gente dice que es mi doble, que tiene pinta de friky), Ashley (dice que su novio es idiota. Es muy simpática, y me enseñó a distinguir a los judíos del zumo (jews y juice)), Stephanie (esa es una chica muy tímida, que apenas habló en toda la noche), Dean (tardé un rato en entenderle bien su nombre, porque pensaba que decía "Tim". Está leyendo un libro para hacer huertas... sigh). Luego están las personas con las que hablé menos: Michelle, Brandon, una chica que se llama Marissa y un chico de cuyo nombre no me acuerdo.
Estuvo bien la noche. La verdad. Todos eran muy simpáticos. El jueves que viene repetimos.