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domingo, 18 de diciembre de 2011

Offended.

Habrá quien diga que me ofendo con facilidad. Y ahí estaré yo para contestarle que no es para tanto, que suelen ser cosas justificadas. Y me permito el lujo de afirmar esto porque me baso en hechos y no en suposiciones.
Si es cierto, por otro lado, que a lo mejor me dejo llevar por mi orgullo, y pongo las cosas peor. Pero, ¿dónde está el límite entre el amor propio y la soberbia?
No me arrepiento de cómo actué ayer. Para nada.
Al fin y al cabo, después de una semana horrible, cabría esperar un poco de interés por mi estado. Pero me parece que eso no es algo que abunde por mis alrededores.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Quick-tempered.

Cada vez más, me doy cuenta de que mis respuestas emocionales son bastante fuertes. La cuestión que me planteo es si porque exagero las causas o porque realmente lo merezca... o simplemente porque mi situación es complicada, o porque va escrito en mi personalidad.
No sé, pero la cuestión es que realmente, no me suele provocar un estado de bienestar y tranqulidad. Realmente, si me pasa algo que considero bueno, la reacción no es tan exagerada como si es algo malo. Puede que sea baja tolerancia a la frustración... pero no sé... realmente pienso que no me merezco la mayoría de las cosas que me pasan, que me merezco que la vida se porte mejor conmigo. Jeh. Como si la vida pudiera imponer justicia. O como si la justicia fuera un término que pudieran emplear los seres humanos...
Otra cosa que es graciosa es que soy incapaz de mantener un enfado más de... no sé... démosle 24 horas, tirando al alza. Y eso es algo que me intriga... la incapacidad de mantener un sentimiento de ese estilo. Puede parecer muy bonito, pero me paro a pensar y digo: pues la verdad es que tampoco soy capaz de mantener un estado de felicidad más de 24 horas... seguramente menos. En fin...

lunes, 13 de diciembre de 2010

Battle.

-Lucharé por lo que es justo. Lucharé por lo que es correcto.

-¿Qué es justo? ¿Qué es correcto?

-Justo es lo que no hace daño a nadie. Correcto es lo que hace bien a todos.

-¿Cómo puedo estar seguro de que lo que yo considero justo y correcto lo es?

-Confiaré en mi criterio, tras haberlo meditado mucho.

-¿Y si aun así, pasas algo por alto?

-Para eso están los demás, para señarlar lo que no sea correcto o justo a su parecer, y que así, yo pueda valorar si realmente están en lo cierto y así modificar mi postura.

-¿Y si no coincidís?

-Entonces aplicaré mi criterio, respetando el de los demás hasta las últimas consecuencias.

-Pero si hay respeto ¿Dónde está tu lucha?

-Yo platearé mis argumentos y formas de ver las cosas a los demás también, para hacerles pensar si realmente están en lo cierto y así modificar su postura.

-Eso es diálogo. Sigo sin ver la lucha.

-Digamos que hay cosas que son objetivas. Dos y dos son cuatro. Cuando me dicen que es cinco, lucho. És una lucha justa, porque lo hago para evitar que el error de esa persona se extienda. Es una lucha correcta, porque busco hacer que dicha persona vea la realidad.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Justice.

Supongamos que usted, yo y otra persona más planeamos ir una tarde al cine, a ver una película "random" (y digo a ver una película, no a nada más, que yo soy un tipo formal).
Supongamos que compramos las entradas (cada uno la suya) un rato antes de que empiece la película.
Supongamos que usted se ofrece a guardar las entradas.
Supongamos que luego, pero antes de que empiece la película, nos enfadamos por cualquier tontada.
Supongamos que, yo decido irme a mi casa.
Supongamos que usted se encuentra con un amigo o amiga suya y decide darle mi entrada, alegando que antes de que se pierda el dinero que yo pagué, es mejor que lo aproveche otro.
Supongamos que luego, nos reconciliamos usted y yo.
Y supongamos que yo decido pedir el dinero de mi entrada de vuelta.

Partamos del punto en el que, una vez que uno compra una entrada, el cine no te devuelve el dinero.
- Sería una desfachatez por mi parte exigir el dinero de vuelta, cuando el que ha decidido no ir al cine he sido yo, ¿no? Al fin y al cabo, podría haber ido y no haber hablado con usted en toda la película, o haberme puesto al lado de la persona que nos acompañaba.
- Si tuvieramos que culpar a alguien que no fuera yo, me vería en la obligación de culparle a usted, que es la persona que ha provocado el enfado que me condicionó para no ir al cine. Y aun así, tampoco tendría mucho sentido exigirle dinero a usted.
- Si tuviera que exigir el dinero a alguien que no sea ni usted ni yo, sería, evidentemente, a la persona que se benefició de mi entrada. Porque claro, yo podría haber cogido mi entrada (si la hubiera llevado encima) y haberla destrozado. O haberla vendido. O habermela comido, solo por orgullo propio de decir "Esto es mio".
- Claro, el pobre invitado, podría alegar que no sabía de donde salía el dinero, y que pensaba que era una invitación sin trampa. Entonces, creo que dicha persona tendría derecho a exigirle a usted, persona que le metió en todo este lío, que pagara.
- Pero por encima de todo esto, lo que me parecería una desfachatez absoluta es que, bien yo, bien usted, bien el invitado, se atreviera a exigir al pobre acompañante del principio (sí, si, ese tipo que apenas ha sido mencionado, que iba con usted y conmigo al cine, pero que al final acabó llendo con usted y con el invitado) que pagase parte del dinero de mi entrada. Que el pobre no ha tenido beneficio ni culpa.

Pues bien, les diré la verdad. No soy el tipo que se cabreó y no fue al cine (que no es un cine, que es otro lugar en realidad). No soy el tipo que invitó a otro a venir de gratis. No fui tampoco el convidado a pagar menos. Fui el tipo que no pintó nada en todo esto. El que pagó su entrada por completo y fue a ver la película. El que no se enteró de que el convidado iba de gratis hasta que estaban poniendo los anuncios de antes de la película. Y lo siento, pero no pienso dar ni un solo céntimo. Que pague quien tuvo la culpa o quien salió ganando. Yo no.