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lunes, 7 de mayo de 2012

That's me.

Ese soy yo. Claro que sí.
Con un par, me planto delante del profesor, después de haber hecho un trabajo de investigación del horror acerca de las ventajas económicas de la energía nuclear y meto la pata hasta el fondo en la primera diapositiva. Así, entrando por la puerta grande.
Tenía que haber contrastado mejor los datos acerca del precio del kilowatio/hora. Pero mi mente pareció omitir el pequeño detalle de que ese dato viene en las facturas de la luz, así que el que había puesto estaba mal. Y para rematar de cabeza el fallo, voy y digo que la energía se mide en watios y la potencia en kilowatios (es al revés). ¡Solo porque me sonaba que lo ponía en las facturas! Ahí sí se acordó de las facturas mi dichoso cerebro, claro, pero omitiendo el dato anterior, no fuera a ser que lo tuviera bien.
En serio, ahora mismo tendré el cociente intelectual de un mono, o poco más. Si pudiera verme desde otro cuerpo, me cruzaba la cara varias veces, solo para ver si aprendo de una maldita vez.
Y claro, el sentimiento de idiotez es doble porque el profesor dará por sentado que apenas lo he preparado... a pesar de haber hecho más que otros dos miembros del grupo junto (el tercero se salva, porque pese a que creo que no ha hecho tanto, no puedo saberlo, y al menos se le ha visto implicado). Para esto me como yo los nervios y el trabajo de juntar todas las partes, ponerlas bonitas, revisar por si hay fallos (pero como soy un chulazo y un soberbio, mi parte no la reviso), de coordinar al grupo...
Ese soy yo, un maldito inepto con los humos muy subidos.
La próxima vez que me veáis, cruzadme la cara, que me lo he ganado.

lunes, 6 de febrero de 2012

Dear teachers:

Os habéis superado. Cada día lo hacéis. Cada día hacéis que me cuestione cómo demonios estáis dando clases en Pedagogía.
Pedagogía, el arte de enseñar a enseñar.
El problema es, estimados docentes míos, que debéis ser los peores artistas del Universo. O a lo mejor es que tenéis un estilo un tanto abstracto y soy yo el que no aprecia vuestra excelencia pedagógica; todo puede ser.

Hay profesores que explican sin explicar. Me explico (valga la redundancia): yo también se leer; aprendí cuando era pequeñito. Y sinceramente, no necesito que un señor (o señora, que también hay muchas profesoras) venga a leer los apuntes en voz alta. Lo que necesito es que me diga qué significan las cosas que no están claras o que están excesivamente sintetizadas, o que me explique los porqués, las causas, las implicaciones, las aplicaciones... Leer, insisto, puedo hacerlo yo (o si la Universidad necesita asignar un docente, Loquendo puede hacerlo muy bien).

Esa es una de mis quejas, pero no es la que me ha motivado a ponerme a escribir hoy. No, hoy lo que me enerva es el tema de la evaluación. En mis escasos 3 años y pico de experiencia como universitario he visto muchas formas de asignar notas. Y nunca en Magisterio tanto como ahora en Pedagogía, he visto modos tan horribles de evaluar.
Cuando estaba en Magisterio, me quejaba a veces (sin razón ni conocimiento) de que evaluar por medio de un trabajo o un par de proyectos no aseguraba que hubieras aprendido. Era joven e inexperto, y no sabía lo que decía. Lo estoy comprobando ahora, cuando veo que lo aprendido de memoria se olvida muy rápido, por muy bien que se aprenda, pero que los proyectos y el cómo los hiciste, y el "de qué iban" y el "qué partes tenían", se quedan en la memoria. Y no solo eso, sino que te dan algo de práctica para saber hacer las cosas cuando toque hacerlas.

Este año, he visto la ineficacia de los exámenes llevada al extremo. Se pierde la esperanza en la evaluación final (la evaluación con exámenes, para los que no estéis al tanto de cómo lo llamamos los educadores).
Memorizar nunca es entender, eso está claro. Pero era difícil memorizar sin entender al menos parte de lo que se estudia. Y claro, el argumento es: si se aprende las cosas de memoria para el examen, algo aprenderá (hablamos de aprendizaje significativo, es decir, de comprender lo que se aprende), y además, le sirve al profesor para ver el grado de esfuerzo de los alumnos.
Y aquí es cuando me presento yo, delante de 3 de mis 8 exámenes habiendo hecho un aprendizaje significativo de mis resúmenes de los apuntes. Resúmenes que llevan su tiempo y su trabajo de elaboración, reflexión, selección y comprensión. Resúmenes considerablemente completos, sin olvidar ningún punto importante, aunque esté muy sintetizado. Resúmenes que pasan por alto aspectos particulares por considerarlos poco relevantes para un aprendizaje completo, y porque si los incluyesen, pues obviamente no serían resúmenes, sino los apuntes completos. Y aquí es cuando veo que me llueven las hostias educativas por todos los lados. Al parecer, lo particular, lo concretísimo, lo aplicable a un solo caso, es lo importante. Nos podemos ir olvidando de los aspectos generales que son la base sobre la que se construye todo lo demás. Esto es el mundo al revés y estas son sus leyes. Y si tienes suerte y te sabes la respuesta, seguramente al profesor le parezca corta, por eso de que has sitentizado los contenidos al verte incapaz de memorizar 100 páginas al pie de la letra.

Y así es como me veo, impotente, frente a una pregunta sobre el porcentaje que se destina a las ONG's en la declaración de la renta, sobre si los padres tienen o no poder decisorio en si sus hijos promocionan (no venía en los apuntes, y además lo que se hace en la práctica contradice totalmente la respuesta que me dio el profesor) o sobre la lista de competencias básicas de Ciencias Sociales (harto hice con aprenderme una breve definición de lo que eran, teniendo en cuenta que solo es uno de los 15 cambios que introduce la LOE en Secundaria, teniendo en cuenta que tenía otros 15 para Bachillerato, otros 30 para la LOCE (que no se llegó a aplicar, pero nos la preguntan igual) y otros tantos para las 5 leyes y planes de educación anteriores).

Y sí, sí, soy consciente de que, seguramente, a vosotros también os la hayan jugado muchos profesores. Si no estoy negándolo, ni qutándole importancia, ni diciendo que lo mío sea más flagrante. No, no. Lo que digo es que, si os habéis visto en una situación, sabréis la impotencia, la desesperación y el desgarro emocional que supone. Porque no hay nada peor que ponerle empeño a algo, y te suspendan. Y luego, que venga otro idiota que copió o que le pasaron las preguntas, y saque más que tú (aunque solo sea en proporción estudio/nota).
Y por esto mismo es por lo que no me cortaré, en aquellas asignaturas que considere que los profesores me han estafado y me hayan puesto una nota sustancialmente inferior a la que me merezco por esfuerzo o conocimientos, de irle a llorar al "educador" de turno hasta que tenga una nota que considere, como poco, menos injusta.

Y uno de los mayores problemas de esto es que, por hablar en plural, meto a muchos grandes docentes que me han dado clase y me han hecho aprender (muchos, incluso cosas útiles) y disfrutar aprendiendo. Así que por ellos va un brindis:

¡Por los profesores que no se limitan a un examen para evaluar! ¡Por los que te hacen trabajar en clase y luego lo valoran! ¡Por los que saben hacer preguntas de exámen que se puedan responder con esquemas o resúmenes! ¡Por los que saben evaluar y por los que saben enseñar!

P.D: No me apetece releer esto, así que si me encontráis fallos de coherencia, decídmelo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Quick-tempered.

Cada vez más, me doy cuenta de que mis respuestas emocionales son bastante fuertes. La cuestión que me planteo es si porque exagero las causas o porque realmente lo merezca... o simplemente porque mi situación es complicada, o porque va escrito en mi personalidad.
No sé, pero la cuestión es que realmente, no me suele provocar un estado de bienestar y tranqulidad. Realmente, si me pasa algo que considero bueno, la reacción no es tan exagerada como si es algo malo. Puede que sea baja tolerancia a la frustración... pero no sé... realmente pienso que no me merezco la mayoría de las cosas que me pasan, que me merezco que la vida se porte mejor conmigo. Jeh. Como si la vida pudiera imponer justicia. O como si la justicia fuera un término que pudieran emplear los seres humanos...
Otra cosa que es graciosa es que soy incapaz de mantener un enfado más de... no sé... démosle 24 horas, tirando al alza. Y eso es algo que me intriga... la incapacidad de mantener un sentimiento de ese estilo. Puede parecer muy bonito, pero me paro a pensar y digo: pues la verdad es que tampoco soy capaz de mantener un estado de felicidad más de 24 horas... seguramente menos. En fin...

viernes, 6 de mayo de 2011

Bloodlust.

Ganas de asesinar en estado puro, eso es lo que he tenido hoy. No basta con ir a Decanato y conseguir una fecha mejor para la graduación. No basta con llevar todo el papeleo de la dichosa ceremonia. No basta con conseguir permiso para montar un catering para después de la entrega de diplomas (aún si somos los únicos que lo vamos a tener). No basta, no.
Hoy, señores y señoras, había que hacer tres cosas muy sencillas: votar la madrina, votar los que leen el discurso y votar el hotel de la cena. Bien, pues llegados al segundo punto, pasó lo que ya se veía venir: pelea de hienas. Que si "cada uno debería tener dos votos", que si "lo hacemos a sorteo", que si "no, ahora cambio mi voto", que si "oye, Diego, tú ya has votado (mentira)", que si "si luego nos toca y no queremos, pdemos dárselo a un amigo, ¿no?". Pues no, aunque claramente explico "un solo voto por persona, para que no salgan todos del mismo grupito", "no lo hacemos a sorteo porque debería estar reflejada la mayoría, independientemente de que salgan solo los más populares", "bueno, cámbialo si quieres, sé que lo haces para joder mi sistema de votos porque no te gusta, independientemente de que sea el más justo", "no, no he votado. De hecho, estaba reservando mi voto para dármelo a mí mismo" y "no, nada de darle tu participación a otro, porque si no, presento yo a 20 amigos y así tengo 21 posibilidades de salir elegido".
Ea, mi paciencia ilimitada ha estado a punto de encontrar sus propias fronteras cuando he amenazado con imponerme a mí mismo como único lector de discurso, solo para que la gente se centrara e hiciera las cosas sin gritar y por pasos.

sábado, 19 de febrero de 2011

Patience.

Muchas veces me he pregunta si mi paciencia tiene un límite. Hoy me digo: Sí, lo tiene.

Puedo pasar que una persona sea egocéntrica, porque en gran medida, yo también lo soy.
Puedo pasar que una persona sea ególatra, porque en gran medida, yo también lo soy.
Puedo pasar que una persona haga bromas pesadas, porque aunque lo deteste y yo no las haga, considero que pasar un poco de vergüenza de vez en cuando, nos hace poner los pies en el suelo y dejarnos de creernos tan geniales.
Puedo pasar que una persona me haga daño, bien físico, bien emocional, a mí (y solo a mí), porque... porque si devolviera el daño, me estaría rebajando a su nivel.

Y podría decir que puedo pasar todo junto... pero eso no sería totalmente cierto.

Exijo una satisfacción.
Exijo justicia.

No, la verdad es que no. Ni exijo una satisfacción ni exijo justicia. Lo que exijo es un cambio de actitud completo. Porque cuando una persona hace todas esas cosas y no solo no cambia, sino que persiste y le parece gracioso, es porque o es un niño sin conceptos de lo que es correcto y lo que no o porque es un completo... ¿hay algúna palabra que sea lévemente más suave que gilipollas?

Pero como soy un tipo simpático, me limitaré a pensar que es porque emocionalmente es un niño de 3 años, y como los niños aprenden lo que está bien y lo que está mal por condicionamiento, le privaré de mi compañía y mi palabra hasta que aprenda, no sólo a comportarse conmigo, sino con todos. Porque son muchos los que son de mi opinión, y todos con buenos motivos.

Ah, bueno... como él no lee mi blog... decidle a Guille que se pase y lo lea.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Battle.

-Lucharé por lo que es justo. Lucharé por lo que es correcto.

-¿Qué es justo? ¿Qué es correcto?

-Justo es lo que no hace daño a nadie. Correcto es lo que hace bien a todos.

-¿Cómo puedo estar seguro de que lo que yo considero justo y correcto lo es?

-Confiaré en mi criterio, tras haberlo meditado mucho.

-¿Y si aun así, pasas algo por alto?

-Para eso están los demás, para señarlar lo que no sea correcto o justo a su parecer, y que así, yo pueda valorar si realmente están en lo cierto y así modificar mi postura.

-¿Y si no coincidís?

-Entonces aplicaré mi criterio, respetando el de los demás hasta las últimas consecuencias.

-Pero si hay respeto ¿Dónde está tu lucha?

-Yo platearé mis argumentos y formas de ver las cosas a los demás también, para hacerles pensar si realmente están en lo cierto y así modificar su postura.

-Eso es diálogo. Sigo sin ver la lucha.

-Digamos que hay cosas que son objetivas. Dos y dos son cuatro. Cuando me dicen que es cinco, lucho. És una lucha justa, porque lo hago para evitar que el error de esa persona se extienda. Es una lucha correcta, porque busco hacer que dicha persona vea la realidad.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Justice.

Supongamos que usted, yo y otra persona más planeamos ir una tarde al cine, a ver una película "random" (y digo a ver una película, no a nada más, que yo soy un tipo formal).
Supongamos que compramos las entradas (cada uno la suya) un rato antes de que empiece la película.
Supongamos que usted se ofrece a guardar las entradas.
Supongamos que luego, pero antes de que empiece la película, nos enfadamos por cualquier tontada.
Supongamos que, yo decido irme a mi casa.
Supongamos que usted se encuentra con un amigo o amiga suya y decide darle mi entrada, alegando que antes de que se pierda el dinero que yo pagué, es mejor que lo aproveche otro.
Supongamos que luego, nos reconciliamos usted y yo.
Y supongamos que yo decido pedir el dinero de mi entrada de vuelta.

Partamos del punto en el que, una vez que uno compra una entrada, el cine no te devuelve el dinero.
- Sería una desfachatez por mi parte exigir el dinero de vuelta, cuando el que ha decidido no ir al cine he sido yo, ¿no? Al fin y al cabo, podría haber ido y no haber hablado con usted en toda la película, o haberme puesto al lado de la persona que nos acompañaba.
- Si tuvieramos que culpar a alguien que no fuera yo, me vería en la obligación de culparle a usted, que es la persona que ha provocado el enfado que me condicionó para no ir al cine. Y aun así, tampoco tendría mucho sentido exigirle dinero a usted.
- Si tuviera que exigir el dinero a alguien que no sea ni usted ni yo, sería, evidentemente, a la persona que se benefició de mi entrada. Porque claro, yo podría haber cogido mi entrada (si la hubiera llevado encima) y haberla destrozado. O haberla vendido. O habermela comido, solo por orgullo propio de decir "Esto es mio".
- Claro, el pobre invitado, podría alegar que no sabía de donde salía el dinero, y que pensaba que era una invitación sin trampa. Entonces, creo que dicha persona tendría derecho a exigirle a usted, persona que le metió en todo este lío, que pagara.
- Pero por encima de todo esto, lo que me parecería una desfachatez absoluta es que, bien yo, bien usted, bien el invitado, se atreviera a exigir al pobre acompañante del principio (sí, si, ese tipo que apenas ha sido mencionado, que iba con usted y conmigo al cine, pero que al final acabó llendo con usted y con el invitado) que pagase parte del dinero de mi entrada. Que el pobre no ha tenido beneficio ni culpa.

Pues bien, les diré la verdad. No soy el tipo que se cabreó y no fue al cine (que no es un cine, que es otro lugar en realidad). No soy el tipo que invitó a otro a venir de gratis. No fui tampoco el convidado a pagar menos. Fui el tipo que no pintó nada en todo esto. El que pagó su entrada por completo y fue a ver la película. El que no se enteró de que el convidado iba de gratis hasta que estaban poniendo los anuncios de antes de la película. Y lo siento, pero no pienso dar ni un solo céntimo. Que pague quien tuvo la culpa o quien salió ganando. Yo no.