Mostrando entradas con la etiqueta Studies. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Studies. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de agosto de 2013

Education

¿Qué es educación?
Los pedagogos y teóricos de la educación suelen coincidir en definirlo como el proceso que permite al ser humano alcanzar su máximo potencial, lo que le hará plenamente humano.
La parte de "plenamente humano" me daría para debatir sobre si una persona puede no ser verdaderamente humana, pero no es el tema de hoy.
Centrémonos en la parte del "pleno potencial", que ahí es donde está la miga.

¿Debe la educación servir a los intereses de la sociedad como conjunto, o a los del sujeto individual? ¿Se puede compatibilizar lo uno y lo otro?

Los que mantienen la educación como un proceso de socialización, ya que es la sociedad lo que nos hace verdaderamente humanos, defienden una educación en la que el sistema educativo encauce a cada alumno hacia una determinada rama del conocimiento, en función de sus aptitudes.
Se alega que si al niño se le da bien algo, será feliz desarrollando su talento, y se convertirá en un valiosísimo profesional para el conjunto de la sociedad. Nada que no sea, en esencia, cierto. Muy pragmático, claramente.

¿Problema? Si ese proceso de especialización se inicia demasiado temprano, el alumno perderá una enormísima cantidad de conocimientos de otras áreas. Conocimientos que son necesarios para estructurar la realidad. Conceptos como el funcionamiento de una red eléctrica, el proceso de colonización, nociones sobre las reacciones químicas... no son solo cultura general, nos ayudan a ver el mundo con mayor precisión, limitando la posibilidad de ser engañados o errar en nuestras actuaciones.
Para ello no basta con una educación primaria, porque a esas edades no se tiene una capacidad de abstracción lo suficientemente desarrollada como para comprender ciertos contenidos.
Aparece así la necesidad de ampliar la educación "general" hasta los 15-16 años, como en nuestro sistema educativo.

Esta premisa de "el individuo necesita aprender a estructurar la realidad para saber orientarse en ella" podría parecer algo que defienden los que buscan dar importancia al individuo, pero realmente es una afirmación bastante neutra. Claramente, buscas dar herramientas útiles al sujeto, que desde el punto de vista de la sociedad en conjunto no son imprescindibles... pero toda sociedad se beneficia de la mejor preparación de sus integrantes. Al fin y al cabo, se aumenta la posibilidad de que puedan resolver problemas simples fuera del campo en el que se han especializado (la de dinero que habría gastado yo en electricistas si no hubiera tenido esas clases de Tecnología en el instituto, o la cantidad de técnicos informáticos que hubiera necesitado para arreglar unos problemas mínimos).

Se alega también, desde los sectores defensores de la educación para la sociedad, que su método contribuye a generar grandes profesionales expertos, mientras que otros sistemas generan profesionales mediocres, pues no se tiene en cuenta su capacidad, sino su interés y motivación.
No estoy en contra de aprovechar nuestros talentos, para nada, pero ¿qué pasa cuando nuestros talentos y nuestros intereses no coinciden? ¿Qué pasa cuando nuestros talentos no afloran hasta que crecemos más?
Respecto a la segunda pregunta, mi respuesta consiste en reiterar lo que ya comenté de "dejar crecer a los alumnos mientras les enseñamos de todo".
En contestación a la primera, haré otra pregunta que ataca la idea de priorizar al sujeto:
¿Quién tiene claro a los 14 años que quiere hacer? Ninguno.
¿Y a los 16? Pocos.

Muchos de nosotros hemos ido cambiando de idea hasta que nos tocó elegir carrera. Carrera que elegimos en función de nuestros gustos y posibilidades en ese momento (lástima que tenga que mencionar esto segundo, porque lo ideal sería que la economía no nos limitase), salvo aquellos que fueron condicionados por sus padres (también es triste que se de esto). Carrera que algunos cambiaron al poco o al mucho de empezarla, para hacer algo más ajustado a sus capacidades o intereses.
Supongo que ahí es donde más se puede criticar el sistema que tenemos: permite a la gente "perder tiempo" hasta que encuentra lo que busca. Pero resaltaré las comillas de "perder tiempo", porque no lo considero del todo así. Es, a mi juicio, un proceso de conocerse a uno mismo, con sus gustos y sus límites. Lo importante es acabar haciendo algo que te guste y que te de trabajo (sin aprovecharse de la excusa del "sigo buscando", claro).
Porque si eso es perder tiempo, señores y señoras mías, entonces dejar que la gente busque pareja por si misma es perder tiempo también, que no creo que muchos la encuentren a la primera... pero no por eso defendemos el matrimonio concertado, ¿no?

Y dejando atrás este símil que tanto me ha gustado y que se me ha ocurrido sobre la marcha, volvamos al tema que nos atañe.
La motivación es importante. Y la motivación, se pierde (y se gana). Se pierde cuando se obliga a uno a ir por un camino marcado, por mucho que le guste. Porque por mucho que se limite el acercamiento a otras áreas de la realidad del alumno, éste las acabará experimentando o conociendo.
Y puede que le gusten.
Puede que le gusten más que aquello que se le da bien.
Pero no podrá acceder a ellas, porque el sistema lo impide.
Y eso frustra. Empaña la vida.
La felicidad del sujeto no siempre es algo racional.

Si me hubieran hecho estudiar lo que se me daba bien, hoy en día sería biólogo o matemático o teólogo o filólogo. Son cosas que se me dan bien, que me gustan, no hubiera sido un gran problema.
Pero me gustaba más la perspectiva de enseñar.
En un sistema educativo para y por la sociedad, yo no habría podido ser maestro. Porque cuando tocó elegir carrera, mis habilidades sociales y de empatía eran mínimas.
Y aquí estoy hoy, disfrutando de los cumplidos de alumnos y madres sobre mi enorme capacidad docente y simpatía.
Y es que muchas veces, el talento importa menos que la motivación.
Cada éxito nos anima a seguir avanzando, y cada fracaso, a seguir mejorando.

Conclusión: dejen a los niños, a los adolescentes, ser lo que quieran.
Ser, que no hacer.
No podemos que los niños hagan lo que quieran, eso no es educación. Y sin educación, aparecen los vagos, los incultos y los violentos.
Eduquemos para ser felices.
Eduquemos para las responsabilidad.
Si son felices, serán eficientes en lo que hagan, porque estarán motivados.
Si son responsables, elegirán lo que es mejor para ellos y para el resto, porque tendrán conciencia de grupo.
Y así no habrá que elegir entre individuo o sociedad. Porque el individuo feliz y educado sabe que, aún con sus peculiaridades y diferencias, no puede vivir al margen de la sociedad.

No dejemos que los padres y los maestros decidan por los estudiantes.
Dejémos a los padres y maestros que ayuden a los estudiantes a decidir.
Porque por muy bien que los conozcan... nunca los conocerán tan bien como ellos mismos.
Porque... a nosotros tampoco nos gusta que decidan por nosotros, ¿verdad?

lunes, 7 de mayo de 2012

That's me.

Ese soy yo. Claro que sí.
Con un par, me planto delante del profesor, después de haber hecho un trabajo de investigación del horror acerca de las ventajas económicas de la energía nuclear y meto la pata hasta el fondo en la primera diapositiva. Así, entrando por la puerta grande.
Tenía que haber contrastado mejor los datos acerca del precio del kilowatio/hora. Pero mi mente pareció omitir el pequeño detalle de que ese dato viene en las facturas de la luz, así que el que había puesto estaba mal. Y para rematar de cabeza el fallo, voy y digo que la energía se mide en watios y la potencia en kilowatios (es al revés). ¡Solo porque me sonaba que lo ponía en las facturas! Ahí sí se acordó de las facturas mi dichoso cerebro, claro, pero omitiendo el dato anterior, no fuera a ser que lo tuviera bien.
En serio, ahora mismo tendré el cociente intelectual de un mono, o poco más. Si pudiera verme desde otro cuerpo, me cruzaba la cara varias veces, solo para ver si aprendo de una maldita vez.
Y claro, el sentimiento de idiotez es doble porque el profesor dará por sentado que apenas lo he preparado... a pesar de haber hecho más que otros dos miembros del grupo junto (el tercero se salva, porque pese a que creo que no ha hecho tanto, no puedo saberlo, y al menos se le ha visto implicado). Para esto me como yo los nervios y el trabajo de juntar todas las partes, ponerlas bonitas, revisar por si hay fallos (pero como soy un chulazo y un soberbio, mi parte no la reviso), de coordinar al grupo...
Ese soy yo, un maldito inepto con los humos muy subidos.
La próxima vez que me veáis, cruzadme la cara, que me lo he ganado.

lunes, 6 de febrero de 2012

Dear teachers:

Os habéis superado. Cada día lo hacéis. Cada día hacéis que me cuestione cómo demonios estáis dando clases en Pedagogía.
Pedagogía, el arte de enseñar a enseñar.
El problema es, estimados docentes míos, que debéis ser los peores artistas del Universo. O a lo mejor es que tenéis un estilo un tanto abstracto y soy yo el que no aprecia vuestra excelencia pedagógica; todo puede ser.

Hay profesores que explican sin explicar. Me explico (valga la redundancia): yo también se leer; aprendí cuando era pequeñito. Y sinceramente, no necesito que un señor (o señora, que también hay muchas profesoras) venga a leer los apuntes en voz alta. Lo que necesito es que me diga qué significan las cosas que no están claras o que están excesivamente sintetizadas, o que me explique los porqués, las causas, las implicaciones, las aplicaciones... Leer, insisto, puedo hacerlo yo (o si la Universidad necesita asignar un docente, Loquendo puede hacerlo muy bien).

Esa es una de mis quejas, pero no es la que me ha motivado a ponerme a escribir hoy. No, hoy lo que me enerva es el tema de la evaluación. En mis escasos 3 años y pico de experiencia como universitario he visto muchas formas de asignar notas. Y nunca en Magisterio tanto como ahora en Pedagogía, he visto modos tan horribles de evaluar.
Cuando estaba en Magisterio, me quejaba a veces (sin razón ni conocimiento) de que evaluar por medio de un trabajo o un par de proyectos no aseguraba que hubieras aprendido. Era joven e inexperto, y no sabía lo que decía. Lo estoy comprobando ahora, cuando veo que lo aprendido de memoria se olvida muy rápido, por muy bien que se aprenda, pero que los proyectos y el cómo los hiciste, y el "de qué iban" y el "qué partes tenían", se quedan en la memoria. Y no solo eso, sino que te dan algo de práctica para saber hacer las cosas cuando toque hacerlas.

Este año, he visto la ineficacia de los exámenes llevada al extremo. Se pierde la esperanza en la evaluación final (la evaluación con exámenes, para los que no estéis al tanto de cómo lo llamamos los educadores).
Memorizar nunca es entender, eso está claro. Pero era difícil memorizar sin entender al menos parte de lo que se estudia. Y claro, el argumento es: si se aprende las cosas de memoria para el examen, algo aprenderá (hablamos de aprendizaje significativo, es decir, de comprender lo que se aprende), y además, le sirve al profesor para ver el grado de esfuerzo de los alumnos.
Y aquí es cuando me presento yo, delante de 3 de mis 8 exámenes habiendo hecho un aprendizaje significativo de mis resúmenes de los apuntes. Resúmenes que llevan su tiempo y su trabajo de elaboración, reflexión, selección y comprensión. Resúmenes considerablemente completos, sin olvidar ningún punto importante, aunque esté muy sintetizado. Resúmenes que pasan por alto aspectos particulares por considerarlos poco relevantes para un aprendizaje completo, y porque si los incluyesen, pues obviamente no serían resúmenes, sino los apuntes completos. Y aquí es cuando veo que me llueven las hostias educativas por todos los lados. Al parecer, lo particular, lo concretísimo, lo aplicable a un solo caso, es lo importante. Nos podemos ir olvidando de los aspectos generales que son la base sobre la que se construye todo lo demás. Esto es el mundo al revés y estas son sus leyes. Y si tienes suerte y te sabes la respuesta, seguramente al profesor le parezca corta, por eso de que has sitentizado los contenidos al verte incapaz de memorizar 100 páginas al pie de la letra.

Y así es como me veo, impotente, frente a una pregunta sobre el porcentaje que se destina a las ONG's en la declaración de la renta, sobre si los padres tienen o no poder decisorio en si sus hijos promocionan (no venía en los apuntes, y además lo que se hace en la práctica contradice totalmente la respuesta que me dio el profesor) o sobre la lista de competencias básicas de Ciencias Sociales (harto hice con aprenderme una breve definición de lo que eran, teniendo en cuenta que solo es uno de los 15 cambios que introduce la LOE en Secundaria, teniendo en cuenta que tenía otros 15 para Bachillerato, otros 30 para la LOCE (que no se llegó a aplicar, pero nos la preguntan igual) y otros tantos para las 5 leyes y planes de educación anteriores).

Y sí, sí, soy consciente de que, seguramente, a vosotros también os la hayan jugado muchos profesores. Si no estoy negándolo, ni qutándole importancia, ni diciendo que lo mío sea más flagrante. No, no. Lo que digo es que, si os habéis visto en una situación, sabréis la impotencia, la desesperación y el desgarro emocional que supone. Porque no hay nada peor que ponerle empeño a algo, y te suspendan. Y luego, que venga otro idiota que copió o que le pasaron las preguntas, y saque más que tú (aunque solo sea en proporción estudio/nota).
Y por esto mismo es por lo que no me cortaré, en aquellas asignaturas que considere que los profesores me han estafado y me hayan puesto una nota sustancialmente inferior a la que me merezco por esfuerzo o conocimientos, de irle a llorar al "educador" de turno hasta que tenga una nota que considere, como poco, menos injusta.

Y uno de los mayores problemas de esto es que, por hablar en plural, meto a muchos grandes docentes que me han dado clase y me han hecho aprender (muchos, incluso cosas útiles) y disfrutar aprendiendo. Así que por ellos va un brindis:

¡Por los profesores que no se limitan a un examen para evaluar! ¡Por los que te hacen trabajar en clase y luego lo valoran! ¡Por los que saben hacer preguntas de exámen que se puedan responder con esquemas o resúmenes! ¡Por los que saben evaluar y por los que saben enseñar!

P.D: No me apetece releer esto, así que si me encontráis fallos de coherencia, decídmelo.

martes, 31 de enero de 2012

Angst.

Sí, estoy en el ordenador. Una vez más. Teniendo examen el lunes siguiente.
Porque soy un incosciente. O un irresponsable. O porque no tengo capacidad de concentración.
Y lo peor: estoy angustiado por ese examen.

El hecho de que me queden casi 7 días para prepararlo no me tranquiliza. La asignatura es dura, aunque no es nada que no pueda superar. Y sigo angustiado, aun así.

Tal vez sea que es la primera vez que me salto una primera convocatoria (la de Didáctica General de 1º de Magisterio no cuenta, porque era anual y falte al primer parcial). Esta vez no hay una segunda oportunidad y, al parecer, eso me quita el sueño.

Y mira que nunca he necesitado una segunda convocatoria, ni una segunda oportunidad para estas cosas. Todo a la primera, siempre. Un record personal del que, de momento, puedo estar orgulloso.

Pero ahí está el miedo a que, como dice el refrán, haya una primera vez para todo y suspenda.

Luego está la poca motivación para estudiar esa asignatura. Bueno, cualquier asignatura en general... Pedagogía ha probado ser un desagüe de ánimos, ilusiones y expectativas de futuro. Pero claro, era tener una carrera (y esta vez, Licenciatura) en dos añitos más. Que buen engaño te mete la UBU así, como quien no quiere la cosa...

Claro, va uno, inexperto, y se piensa que le va a abrir todas las puertas. Pero sigo diciéndome que tal vez hubiese sido más fácil coger el trabajo que me daban en alguna de las academias que me llamaron y ale, a ganarse la vida, que ya toca. Así son dos años de anti-pedagogía, sin hacer lo que realmente me gusta, que es enseñar.

Y bueno, lo dicho, que así uno pierde ánimos. Y a los exámenes, añade que te dejan "incomunicado" o, siendo menos exagerados, no te dejan tanto tiempo para hablar con la gente. "Pero si te pasas medio día aquí", diréis. Sí, sí... pero la angustia me impide empezar a hablar, por miedo a entretenerme y perder más tiempo de lo esperado. Tiempo que de un modo u otro, acabo perdiendo igual, y refuerza el sentimiento de angustia.

Y no llevo nada bien la falta de contacto humano, la verdad. Es de esas cosas que me consume por dentro. Añadamos a todo esto mi continua sensación de ser un pesado, de molestar o aburrir a la gente cuando les hablo. Vamos, algo explosivo.

¿Os habéis planteado alguna vez por qué no os abro conversación todos los días si tanto afirmo necesitar el contacto humano y las charlas? Pues sí, por no parecer un pesado. Bueno, por eso y porque muchas veces siento la necesidad de comprobar si vosotros tenéis necesidad o interés de hablar conmigo. Un poco retorcido esto último, ¿no? Pero así es mi mente... miedo a entusiasmarme y a establecer amistad con gente que realmente no tiene interés por tener una relación amistosa conmigo.

Y así es como empezamos hablando de estudios y acabamos hablando de inseguridad emocional. Sublime...

domingo, 29 de enero de 2012

Interlude.

Pequeña actualización. Así, entre exámenes.

De momento, las cosas han ido bien, dadas las circunstancias: una asignatura la llevaba aprobada con parciales y de 7 exámenes que tenía, me presenté a 6 y los 6 aprobados. Nada del otro mundo: dos sobres en dos optativas facilonas, dos notables y un par de seises y pico que espero poder convertir en sietes.
Y puesto así, solo queda Sociales. Tengo 7 días y medio para estudiarlo, y he subrayado unas pocas páginas ya. No debería ser un problema, viendo que los otros los estudié en un máximo de 2 días. Pero hoy no he hecho casi nada y me da angustia por no habler empezado en orden con ello. No, si va a resultar que soy responsable y todo... Jeh.

Y bueno, estudios aparte, ando algo raro. Bueno, venía raro desde hace un par de semanas. Parece que los exámenes me suben la líbido o así (no preguntéis, en serio, mi mente es un lugar muy turbio a veces). Pero desde que acabé la primera tanda, ando como muy sensiblero... no sé. Bueno, más bien dicho, sí que sé, pero intento olvidarlo.
En fin, que a ver si encuento alguna moza que se soporte... o consigo que las amigas me reserven más cantidad de abrazos... jeh.

Y si dejamos las emociones al margen también, pues oye, desde el jueves hasta el sábado he visto a bastante gente: a Marina (que la veo muy poquiño a la pobre, aunque esté aquí), a Manolo, a Da'Nan (aunque fuera fugazmente), a Zar, a Kas, a Cris (sesión de DDR+chocolate+charla) y a Quirce.

Edito: Entre ayer y hoy he hecho unos poquiños cambios. Principalmente, he metido unos vídeos aquí, a la derecha. Unas cancioncejas de mis favoritas de YouTube. Si me veo con ganas, las iré cambiando. Luego, también he cambiado el color de los enlaces visitados, que antes no se veían apenas, y la letra de los gadgets.

Edit 2: Esto no lo va a leer ni el Tato, que me lo sé yo. Sigh. *Sonrisa amarga*

Edit 3: Acordarme de escribir algo sobre las navidades cuando pase el examen de Sociales.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Confidence.

Podría decirse que estoy satisfecho. Pese a que todavía tengo muchas cosas pendientes, que no sé si me dará tiempo a hacer, estoy satisfecho. En parte, a nivel académico, no han ido mal las cosas. No hasta ahora. Pero no es eso. A nivel personal, estoy satisfecho. O tal vez satisfecho no sea la palabra. ¿Conforme? ¿Animado? No sé. El caso es que tengo algo más de confianza en mí.
Confianza en uno mismo. Parece sencillo; parece que solo depende de uno mismo. En gran parte, sí, pero hace falta lo que llaman "feedback". Creo que el feedback no me ha faltado. A lo mejor, me ha faltado de las personas que esperaba, o en la cantidad que esperaba, o en el momento que esperaba. Pero en general, no ha habido escasez de gente que se preocupase por mí, que me preguntase "¿Que tal?". Tal vez lo que me faltaba era un poco más de confianza en ellos, y en mí mismo. El miedo a estorbar, a molestar, a que te malinterprenten... el miedo en general es lo que hace que no haga todo lo que podría o me gustaría hacer. Pero bueno, poco a poco, intento superarlo.
Habrá cosas que siga guardando, como mi manía de buscar el equilibrio entre las veces que inicio y que me inician conversación: me parece una estupenda manera de ver el interés que tiene la gente por mantener el contacto. Aunque bueno... seré más indulgente en ese aspecto.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Likes.

Me gusta...

Me gusta peinarme, y que el pelo me quede liso, u ondulado, pero que siga un patrón uniforme. Me gusta peinarme y que el pelo esté perfectamente desenrredado. Detesto cuando me doy tirones fuertes al peinarme.

Me gusta dormir. Me encanta estar en la cama, al calorcito. Me deleito al dejar volar mi imaginación cuando estoy a punto de dormirme, o nada más despertarme, y ver lo genial que es todo en mi mente. Por el contrario, no me gusta en abosuluto cuando me voy a la cama y no puedo encontrar la postura para dormir, porque estoy nervioso a causa de un exámen, o de que algo ha salido mal.

Me gusta aprender. Disfruto adquiriendo nuevos conocimientos, por inútiles que sean. Me encanta aprender cosas y entenderlas, y luego demostrarme que lo sé y lo comprendo. Me gusta poder demostrar mis conocimientos delante de los demás, por ayudalos o solo por añadir algo interesante a la conversación. Detesto que evaluen mi conocimiento, con exámenes y pruebas que no necesariamente evalúan todo lo que sé.

Me gusta ver películas. Disfruto con casi todas, al menos si se dan ciertas circunstancias. Adoro las comedias, porque me hacen sonreir. Tambíen las películas para niños, porque están cargadas de valores. Disfruto con las más profundas, y con aquellas que me hacen llorar. Incluso con las románticas. Pero por el contrario, no me gusta demasiado el género de terror, porque no le veo sentido a sufrir angustia por algo que no es cierto, y considero que las películas son para disfrutarlas.

Me gusta pasar tiempo con mis amigos. Me encanta que me pregunten que tal me va todo, y preguntarles yo a ellos. Que se preocupen por mí y preocuparme por ellos, y si puedo, ayudarlos. Me gusta que me llamen y me pregunten si puedo quedar. Pero detesto que no me llamen, porque siempre que llamo yo, tengo la impresión de que interrumpo, o soy inoportuno, o que tal vez en ese momento querían que no estuviera, porque prefieren estar a solas.

Me gustan los abrazos. Prefiero un abrazo antes que me den un beso en la mejilla o que me den la mano, al menos cuando hay suficiente confianza. O en el caso de las buenas amigas, un beso y un abrazo, siempre me sube el ánimo. Me gusta que mis amigos me pongan la mano en el hombro para decirme que están a mi lado y que me dan su fuerza.

Me gusta el rol. Me encanta el rol. Adoro el rol. Vivo el rol en todas sus variantes y fases. Me encanta diseñar sistemas nuevos, modificar los existentes y jugar a los que ya han sido inventados. Me encanta hacer el tonto y que los demás lo hagan, pero también disfruto con una partida seria en la que todos nos comportamos. Me incomoda cuando alguien no acepta el estilo de juego de otro, bien por formalidad o por falta de seriedad, porque creo que cada uno debe interpretar como su sentir le indique. Me gusta el rol porque es un arte. Es como ser actor, pero entre amigos. No tolero falta de profesionalidad por parte de los jugadores, pues considero que es algo que aunque se juegue de modo informal y poco serio, hay que tener la seriedad suficiente como para transmitir interés por el juego, ya que el master gasta su valioso tiempo en prepararlo.

Me gusta corregir a los demás. ¿Es un defecto o un mérito? No lo sé, pero me encanta. Disfruto cuando me sacan errores a mí también. Sin embargo, me molesta que expresen mis fallos de forma pública, aunque trato de encajarlo lo mejor posible, ya que yo también corrigo de forma pública.

Me gusta contar el dinero que tengo. Me gusta ahorrar y no gastar, con miras en unas vacas flacas que tal vez nunca vendrán. Detesto tener que gastar más dinero de lo que tengo planeado, especialmente si lo gasto en mí mismo.

Me gusta creer en Dios. Me gusta hablar con Él, y sentir que me escucha y que me responde. Y me gusta ver su mano invisible en muchas de las cosas que me pasan. Me gusta aprender a fundamentar mis creencias y fortalecer mi fe. Me duele enormemente que mi fe no sea tan fuerte como lo era antes. Me duele cuando veo que no hago las cosas como debería según mi credo, y pido perdón a Dios, y luego las cosas van bien, porque siento que Él me está dando mucho más de lo que yo le doy a él. Me duele que la gente trate de hacerme abandonar mis creencias con argumentos que ellos consideran lógicos... pero Dios está por encima de la lógica... cuando tratas de verter el contenido de un pantano en un vaso de agua, el agua lo desborda, y de ese mismo modo Dios desborda nuestra inteligencia. Me gusta pensar que Dios está ahí arriba, y que nos mira a todos con ojos de padre, y que tendrá misericordia de nosotros por hacer las cosas tan mal.

Me gusta todo lo antiguo, especialmente lo medieval. Es una pasión que tengo. Me encantan los pergaminos y los códices. Me encantan los retablos. Me encantan los edificios antiguos, los monasterios y catedrales. Me encantan las armas medievales, especialmente las alabardas. Me encantan las armaduras y escudos.

Me gusta la magia, o lo que lo parece. Me encantan los trucos de los ilusionistas. Disfruto en casa, inventando las palabras que componen los conjuros que saco de los libros de rol o de mi imaginación, inventando los gestos que hay que hacer para lanzarlos, y practicándolos todo junto frente al espejo o a un cristal.

Me gusta la simetría. Me hizo mucha grqacia cuando la profe de Artística lo asoció a que soy un tipo conservador, y luego dedujo que sería un buen partido para una mujer porque soy "de esos tipos que se casan paratoda la vida y no tienen intención de separarse nunca".

Me gusta que me elogien y que me digan lo genial que soy a veces. Me encanta ver cuales son mis puntos fuertes, del mismo modo que me gusta saber los débiles. Sin embargo, me resulta súmamente molesto que me hagan la pelota, porque considero que en realidad es una forma de desprestigiar mis méritos.

Me gusta pasar tiempo con mi madre, reirme con ella, hablar con ella, ayudaarla cuando lo necesita, que ella me ayude cuando lo necesito. Me encanta cuando nos enfrascamos en una conversación ilógica, sin pies ni cabeza, que acaba en medio de ningúna parte. Me duele no decirla más a menudo que la quiero y darla un abrazo... Debo poner remedio a esta situación.
Me gusta la limpieza, hasta un punto obsesivo.

Me gusta la perfección, hasta un punto aún más obsesivo. Me resulta incómodo sacar sobresaliente y no matrícula. Me molesta sacar notable en vez de sobresaliente. Destesto sacar un aprobado en vez de un notable. Detesto cuando Word me saca fallos ortográficos que no existen, y tener que darle a "Agregar al diccionario" o "Omitir una vez" para no ver las líneas rojas bajo las palabras, ni la x sobre el librito de abajo.

Me gusta superarme a mí mismo.

Me gusta hacer cosas personalmente y artesanalmente.

Me gusta escribir listas.

Me gustan muchas cosas más.

Me gusta que leais mi blog.