sábado, 26 de febrero de 2011

Rain.

-Is it raining?
-Yes, I think it is.

lunes, 21 de febrero de 2011

Freedom.

Libertad implica muchas cosas.
En esencia, implica no estar subyugado a alguien de un modo tal que tus acciones se vean seriamente condicionadas.
¿De qué sirve disponer de todo lo que uno puede desear si para disfrutarlo hay que someterse a una voluntad irracional?
Lo que quiero decir es que, vale, me parece correcto que te pongan unas normas para poder hacer uso de las cosas o realizar determinadas acciones, siempre y cuando dichas normas tengan una coherencia conjunta. Si esas normas se basan en la arbitrariedad, no es más que una tiranía en forma de jaula dorada.
Y luego está también que, coherencia aparte, las normas tienen que tener un cierto grado de bondad interna, o justicia, si es que podemos usar realmente ese término. Si se trata de unas normas egoistas que solo son buenas para la persona que las pone, entonces es igual que lo anterior.
En definitiva, para que exista libertad, las peronas vinculadas deben estar en el mismo plano de importancia y poder, y no uno sobre otro, y de estar en niveles diferentes, debe existir un compromiso total por parte del poderoso para preservar el bienestar del débil (como es el caso de los padres con sus hijos cuando son pequeños).
Coherencia y bondad.

sábado, 19 de febrero de 2011

Patience.

Muchas veces me he pregunta si mi paciencia tiene un límite. Hoy me digo: Sí, lo tiene.

Puedo pasar que una persona sea egocéntrica, porque en gran medida, yo también lo soy.
Puedo pasar que una persona sea ególatra, porque en gran medida, yo también lo soy.
Puedo pasar que una persona haga bromas pesadas, porque aunque lo deteste y yo no las haga, considero que pasar un poco de vergüenza de vez en cuando, nos hace poner los pies en el suelo y dejarnos de creernos tan geniales.
Puedo pasar que una persona me haga daño, bien físico, bien emocional, a mí (y solo a mí), porque... porque si devolviera el daño, me estaría rebajando a su nivel.

Y podría decir que puedo pasar todo junto... pero eso no sería totalmente cierto.

Exijo una satisfacción.
Exijo justicia.

No, la verdad es que no. Ni exijo una satisfacción ni exijo justicia. Lo que exijo es un cambio de actitud completo. Porque cuando una persona hace todas esas cosas y no solo no cambia, sino que persiste y le parece gracioso, es porque o es un niño sin conceptos de lo que es correcto y lo que no o porque es un completo... ¿hay algúna palabra que sea lévemente más suave que gilipollas?

Pero como soy un tipo simpático, me limitaré a pensar que es porque emocionalmente es un niño de 3 años, y como los niños aprenden lo que está bien y lo que está mal por condicionamiento, le privaré de mi compañía y mi palabra hasta que aprenda, no sólo a comportarse conmigo, sino con todos. Porque son muchos los que son de mi opinión, y todos con buenos motivos.

Ah, bueno... como él no lee mi blog... decidle a Guille que se pase y lo lea.

lunes, 14 de febrero de 2011

Continuing.

Pues sí, lo dicho ayer, que tengo muchos grupillos y es difícil juntarlos (por no decir imposible, o poco deseable, puesto que me abruman los grupos grandes). Veamos, de base tengo a "mis chicas" (que vienen con cuentagotas, menos en verano, que puedo disfrutar un poquito más de ellas). También está TDA, que se junta con más frecuencia (aunque cuando hay futbol, Diego disapproves). Tenemos a Pernas e Igor (y agregados), que me requieren los viernes o domingos. Y tenemos también a ACNIL, que se reune poco, y suele hacerlo los viernes. Oh, y el Refinado's Club, con reuniones poco frequentes, pero que cunden. Cuestión: hay que repartir, durante el curso los 3 días de tarde libre (bueno, los jueves también los tengo libres, pero el resto de gente tiene que hacer cosas por norma general) entre esos 5 (¿he contado bien?) grupos. Y hay que añadir que a veces, tengo necesidad de hablar con alguien en particular de forma más o menos privada. Esto no suele pasar a menudo, fundamentalmente porque requiere un grado de confianza o aprecio muy alto por mi parte. Pero bueno, trato de repartirme medianamente bien y creo que más o menos lo hago. Si hay quejas, el buzon de sugerencias está abierto a todos.

Oh, y ya que estamos... si te has tomado la molestia de leer todo esto... ponme un comentario, ya que estás. Aunque sean unos puntos suspensivos. Si es por convencerme de que esto le sirve a la gente a conocerme un poquitillo más.

domingo, 13 de febrero de 2011

Random.

Hay que escribir, sí. Que si no, uno se vuelve loco (más loco, mejor dicho).

Estoy volviendo a leer en cantidades decentes. Es lo que tiene que mi padre me quitase el ordenador. 400 páginas en 6 días no es un récod, pero no está mal, no. Especialmente teniendo en cuenta que me duelen los ojos cada vez que descubro errores de traducción. Servidor si que sería un buen traductor de libros de rol o de novelas basadas en juegos de rol. Tal vez lo intente en el futuro (aunque creo que Euge me matará si le hago la competencia).

Rol. El rol es elegante. Sí, ya dije que me encanta, y lo diré toda la vida. Eso sí, el otro día, mientras le explicaba a Andrea las bases de Vampiro, me di cuenta de que no soy un experto en toda regla. Objetivo, ser un experto rolero. Se añade a mi enormísima lista de objetivos (la mayoría de los cuales, imposibles). Oh, y se supone que voy a masterear una partida de Paranoia... pero mis jugadores no contestan a mis mensajes... *sigh*

También me doy cuenta de que tengo problemas para coordinarme y quedar con todos los amigos. De hecho, no puedo acabar de escribir la entrada porque me llaman por todos los lados. Acabaré en otro momento, en otra entrada.

domingo, 30 de enero de 2011

Old.

Me he parado a pensar (es algo que hago con frecuencia) y me he dado cuenta de una cosita: me encantan los personajes ancianos. Bueno, ancianos o entrados en años. Y digo personajes, que esa es una parte importante de la reflexión.

Punto 1: En las películas, los libros (incluso a veces en la vida real), la gente mayor tiene una determinación y una voluntad férrea de la que los personajes jóvenes carecen. Me he dado cuenta viendo la versión de Robin Hood de Ridley Scott: Walter, el anciano y ciego señor de Nottingham se enfrenta sin armadura alguna contra el hombre que ha matado a su hijo. Y pierde, claro está, pero no sin hacerle un corte al otro tiparraco. Encomiable. Dirá usted: Sí, pero está muerto. Y digo yo: Sí, pero murió con luchando por su honor y su hijo. Esa es otra. Ahí está la puntialización que hice sobre que hablo de personajes. En la vida real, los ancianos y mayores no son tan geniales. No se pasan hasta el último de sus días luchando. Bueno, algunos sí, luchando por vivir. Pero no es eso. Tampoco hablo de luchar con espadas o similar. Hablo de... esforzarse por dar lo mejor hasta el final. "That's what this is all about." El anciano que se imita a vivir de la pensión, sin hacer nada más que mirar las obras o la televisión... bueno, tiene su parte de valor (al fin y al cabo, seguramente trabajó para poder descansar al final). Pero hay gente, hay mayores que, después de años y años de trabajo, no se paran. Van todos los días a cavar sus huertas, aguantan a los nietos para que los que son sus hijos puedan trabajar y llevar dinero a casa (y creedme que es un trabajo duro el de aguantar a los niños), se encargan de remendar los descosidos en la ropa de los hijos y los nietos, se van al gimnasio o a correr por medio de la ciudad... o simplemente se cuidan a sí mismos. Madre mía, con tantos años y siguen, eso es carácter. Y volviendo a las películas... otra cosa que me gusta de los personajes entraditos en años es que, al final, son vengados. Siempre hay alguien que los apreciaba y que se arriesga para restaurar su orgullo, aunque sea de manera póstuma. Y que gran sensación es la de tener gente que está dispuesta a defenderte.

Punto 2: La verdad es que el punto dos iba a ser lo de ser vengado. Y el punto tres lo de los ancianos reales. Pero lo aprovecho para reflexionar sobre mí mismo. ¿Quiero llegar a ser un viejecito arrugado? No sé. Tiene su parte buena, suponiendo que sea capaz de valerme por mí mismo, suponiendo que pueda hacer algo útil. Un anciano puede seguir ayudando a los nietos con la tarea... pero los nietos no creo que lleguen. No sé. También tiene una parte mala que es evidente: sería bastante doloroso ver morir a la gente que quiero. Sería horrible. Pero por otro lado... desear morir joven para evitarlo... ¿No sería un poco egoista querer eso y condenar a los que me quieren a sufrirlo? Pues nada, hijos, que sea lo que Dios quiera. Mientras tanto, seguiré comportándome como un viejo (aunque tal vez cuando me haga mayor, cambie y decida comportarme como un niño. Jeh... me encanta la idea).

domingo, 23 de enero de 2011

Calmed.

Vale. Paremonos a pensar. A veces negamos lo evidente, solo por autosatisfacernos. Y ese es el problema conmigo, que me niego a ver algunas cosas.
Resulta muy sencillo limitarse a decir: "No, los demás no me prestan atención; son unas peronas horribles". Pero claro, eso no es totalmente cierto. De hecho, tiene bastante poco de verdad.
No puedo pedir a la gente que se preocupen en el mismo grado o modo que yo, porque sus circunstancias y forma de ver las cosas no es la misma. Sí, claro que me encantaría que todos y cada uno de mis amigos y amigas me abrieran una conversación al día y nos pusieramos a hablar. Pero leches, tienen otros amigos, y yo también. Si todos hicieramos eso, nos colapsaríamos con conversaciones. Y mirad cuan evidente puede ser esto que no me daba cuenta.
Luego está el hecho de que no siempre pasan cosas interesantes, aunque esto tiene menos importancia; siempre hay algo gracioso o algo que sin ser interesante, quieres contar.
Supongo que de lo que se trata es de evitar perder la comunicación. De evitar perder la bidireccionalidad. Si pasa algo interesante, hay que contarlo a la gente que te importe en cuanto la veas. Y si hay algo que quieres contar, también hay que hacerlo. A lo mejor la conversación dura 3 minutos, o menos, pero no importa. Todo el mundo tiene un par de minutos para dedicarte si tienes algo que contar. Pero la cosa tiene que ir en dos direcciones para que funcione. No vale que uno hable y el otro se calle todo, bien porque el otro no pare de hablar o bien porque él mismo no quiera hablar. Eso no. En una relación de amistad, la gente está en el mismo plano, y las actividades deben hacerse por todos en el mismo grado. Grado, que no cantidad. Hay personas que tendrán que repartir su antención entre más gente, y otras que menos.
Y creo que ahí es donde me falla la visión a mí. No tengo (o puede que más bien no quiera tener) mucha gente a la que prestar atención. Ya lo dije, del orden de 20. Entonces claro, puedo dar más atención a cada uno... pero no puedo esperar que los demás se marginen socialmente para estar a mi par. Y me constará encajar que es así, pero es así.